Aislacionismo


El aislacionismo es una categoría de políticas exteriores institucionalizadas por líderes que afirman que los mejores intereses de las naciones se sirven mejor si se mantienen a distancia los asuntos de otros países. Una posible motivación para limitar la participación internacional es evitar verse envueltos en conflictos peligrosos y de otro modo indeseables. También puede haber un beneficio percibido al evitar los acuerdos comerciales internacionales u otros pactos de asistencia mutua.[1]

La actitud opuesta a la formación de alianzas y a la intervención activa en los asuntos internacionales pretende que la mejor política exterior consiste en no implicarse en los conflictos de otras potencias, al considerarlos ajenos a los propios intereses. Característica tradicional del sinocentrismo durante milenios (interpretaciones de la historia de China y de la Gran Muralla china), fue mantenida más en teoría que en la práctica por Inglaterra durante el siglo XIX (Espléndido aislamiento) y por los Estados Unidos (aislacionismo). Similar en cierta medida fue la doctrina denominada "socialismo en un solo país" mantenida por la Unión Soviética de Stalin entre 1925 y 1939 (por cuanto implicaba la posibilidad de desarrollar la revolución sin apenas contactos con el exterior, dadas las vastas dimensiones y recursos de su territorio, que permitían prácticamente la autarquía), frente a la expansionista doctrina de Trotsky (la "revolución permanente").

El no intervencionismo es la doctrina que indica la obligación de los Estados de abstenerse a intervenir, ya sea directa o indirectamente, en los asuntos internos de otro Estado con la intención de afectar su voluntad y obtener su subordinación. Se deriva de un principio del derecho internacional público, el principio de no intervención que establece la independencia de las naciones y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Este principio de no intervención prácticamente equivale al de no injerencia en los asuntos internos de otro país.