Llama olímpica


La llama olímpica (en inglés, Olympic flame; en francés, Flamme olympique)[Nota 1]​ es uno de los símbolos de los Juegos Olímpicos.[4]​ Conmemora el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo y su posterior entrega a la humanidad. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, donde se mantenía un fuego ardiendo en las sedes de celebración de los Juegos Olímpicos Antiguos. El fuego fue reintroducido en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y desde entonces ha sido parte fundamental de los Juegos Olímpicos Modernos.

La Carta Olímpica define a la llama olímpica como «la llama que se enciende en Olimpia bajo la autoridad del COI» y, en este sentido, «una antorcha olímpica es una antorcha portable aprobada por el COI y destinada a la combustión de la llama olímpica».[5]

En Berlín 1936 se introdujo por primera vez un viaje de relevos para llevar la llama de Olimpia a la sede de los Juegos. El recorrido de la antorcha olímpica inicia con el encendido de llama en Olimpia y finaliza con el encendido del pebetero olímpico durante la ceremonia de apertura en la ciudad sede. Al contrario de la llama, el recorrido no tiene un precedente antiguo.[6]

El fuego siempre ha jugado un papel muy importante en la vida del hombre. Su lugar en las creencias de la mayoría de los grupos étnicos es una prueba de ello. En el caso de los antiguos griegos, se explica la presencia del fuego en la tierra con el mito de Prometeo.[8]​ Aunque existen diversas versiones del mito de Prometeo, las consecuencias y su destino son muy similares. A Prometeo, titán hijo de Jápeto y Clímene, le fue encargado junto a su hermano Epimeteo la distribución de las «facultades y dones de todas las criaturas».[9]

En castigo, Zeus ordenó que Prometeo fuera encadenado en lo alto del Cáucaso, donde un águila le devoraría el hígado que se regeneraría de nuevo al día siguiente.[9]​ Finalmente, un día Heracles[11]​ —en algunas versiones Hefesto[12]​— lo libera. El mito de Prometeo «representa el eterno antagonismo entre los dioses y los hombres».[13]​ El acto del robo del fuego de los dioses, hace de «éste algo más que un instrumento» que ayude a combatir el frío y a cocinar los alimentos, es la «base creadora de toda cultura y progreso técnico».[14]

La tradición de la llama olímpica proviene de los Juegos Olímpicos Antiguos. En la antigua Grecia, una llama eterna era colocada frente a los principales templos.[15]​ Una situación similar sucedía dentro de los límites de Olimpia, sede de las competiciones, en el santuario dedicado a Hestia o en los templos de Zeus y Hera,[16]​ donde también se realizaban sacrificios de animales en su honor.[8]


El pebetero olímpico de Londres 2012, conformado por 204 «pétalos» —«copas de cobre»—,[1]​ fue encendido por siete jóvenes atletas entre las 00:24 y las 00:38 BST del 28 de julio de 2012.[2]
Prometheus (1762) de Nicolas Sébastien Adam (Louvre).[7]
Ruta del viaje de la Antorcha Olímpica de Atenas 2004.
Li Ning se elevó para encender el pebetero olímpico de Pekín 2008.
Encendido del pebetero en Seúl 1988.
Río 2016