Accidente cerebrovascular


El ictus o accidente cerebrovascular (ACV) es una afección médica en la que el flujo sanguíneo deficiente al cerebro produce muerte celular.[1]​ Se consideran sinónimos infarto cerebral, derrame cerebral o, menos frecuentemente, apoplejía o ataque cerebrovascular.[2][3]

Según la Organización Mundial de la Salud los ACV son, junto a la enfermedad de las arterias coronarias, las principales enfermedades cardiovasculares. El mismo organismo internacional estima que en 2015 murieron 17,7 millones de personas a causa de las enfermedades cardiovasculares. Del total de estas muertes, 6,7 millones corresponden a los ACV.[4]

En la década de 1970, la Organización Mundial de la Salud definió el accidente cerebrovascular como un «déficit neurológico de causa cerebrovascular que persiste más allá de las primeras 24 horas o se ve interrumpido por la muerte antes de ese plazo».[5]​ Se suponía que esta definición reflejaba la reversibilidad del daño tisular y, para ese fin, se estableció arbitrariamente el límite en 24 horas. Este límite sirve para diferenciarlo del accidente isquémico transitorio, un síndrome relacionado con síntomas de accidente cerebrovascular que se resuelve por completo antes de ese plazo.[6]

La terminología científica en español utiliza diversas denominaciones para este concepto. Accidente cerebrovascular se introdujo en 1927 con el fin de reflejar una «creciente conciencia y aceptación de las teorías vasculares y [...] el reconocimiento de las consecuencias de una interrupción repentina en el suministro vascular del cerebro»[7]​ introducido al español en los años 1960.[8]​ En el siglo XXI, varios tratados de neurología anglosajones desaconsejan su uso, porque la connotación de casualidad que conlleva la palabra «accidente» resalta de manera insuficiente la modificabilidad de los factores de riesgo subyacentes.[9][10][11]​ En su lugar, los médicos angloparlantes utilizan stroke, palabra que antaño era utilizada como sinónimo de ataque apopléjico.[12]​ En la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización de las Naciones Unidas, publicada originalmente en inglés, emplea stroke (8B20) como etiqueta diagnóstica;[13]​ por su parte, la versión en español la tradujo como infarto cerebral (I63.9) en la CIE-10[14]​ y accidente cerebrovascular (8B20) en la CIE-11.[15]​ Por su parte, ictus, voz latina con el significado de ‘golpe’,[16]​ fue introducido en las ediciones renacentistas de tratados médicos latinos, aunque era entendido en latín clásico como ‘ataque súbito’ poco específico.[8]​ Se considera sinónimo de infarto cerebral junto a accidente cerebrovascular.[17]

El término ataque cerebral se introdujo para subrayar la naturaleza aguda del accidente cerebrovascular, según la American Stroke Association (división de la American Heart Association),[18]​ que ha utilizado el término desde 1990.[19]​ Se usa coloquialmente para referirse tanto al accidente cerebrovascular isquémico como al hemorrágico.[20]


Ilustración de un ictus embólico, que muestra un bloqueo alojado en un vaso sanguíneo.
Sección cerebral post mortem tras un ictus a nivel de la arteria cerebral media.
Ilustración de un ictus embólico que muestra en detalle la obstrucción de una arteria.
Sangrado intracerebral (flecha inferior) con edema circundante (flecha superior).
Sesión de terapia ocupacional con un paciente recuperándose de un ictus.