Batalla del Puente Milvio


La batalla del Puente Milvio[a]​ fue el último combate del conflicto desatado en el verano de 312 entre los emperadores romanos Constantino I (r. 306-337) y Majencio (r. 306-312). Se libró el 28 de octubre de dicho año, cerca del puente Milvio, uno de los tantos que posee el río Tíber en Roma. Constantino fue el vencedor de la batalla y emprendió desde entonces el camino que llevaría a la extinción al sistema tetrárquico vigente, para convertirse él en el único gobernante del Imperio romano. Majencio, en cambio, se ahogó en el Tíber durante el combate.

En un claro intento de borrar la memoria de Majencio, la damnatio memoriae, Constantino abolió su legislación y se apropió deliberadamente de sus proyectos de construcción, en particular de la basílica de Majencio y del templo de Rómulo, que había sido dedicado al hijo de su rival, Valerio Rómulo. Constantino adoptó una postura conciliadora y no persiguió a los partidarios de Majencio que pertenecían al Senado; los senadores, a su vez, le concedieron el «título del primer nombre» y erigieron el arco de triunfo que llevaría su nombre. Además, disolvió la Guardia Pretoriana y los equites singulares Augusti y, a cambio, creó las escolas palatinas.

Según los cronistas del siglo IV Eusebio de Cesarea y Lactancio, la batalla marcó el comienzo de la conversión de Constantino al cristianismo. Eusebio de Cesarea afirma que Constantino y sus soldados tuvieron una visión del dios cristiano en la que les prometió la victoria si mostraban el signo del crismón, las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego, en sus escudos. El arco de Constantino, levantado para celebrar esta victoria, la atribuye en sus relieves e inscripciones a la intervención divina.

Desde 293, el Imperio romano estaba dividido en dos mitades, cada una gobernada por un augusto (emperador mayor) y un césar (emperador menor). En 306, el augusto de Occidente, Constancio Cloro (r. 293-306), falleció en Eboracum (en la actualidad, York) [1]​ y, en consecuencia, sus soldados elevaron al trono vacante a su hijo Constantino (r. 306-337).[2]​ El augusto de Oriente, Galerio (r. 293-311), sin embargo, concedió la púrpura imperial a Severo II (r. 305-307), ya que, según las prerrogativas del sistema tetrárquico vigente, al ser este el césar de Occidente, debía ser quien sucediese al augusto muerto. Después de algunas discusiones diplomáticas, Galerio degradó a Constantino a la posición de césar, acción que este aceptó, lo que permitió que Severo asumiese el título de augusto occidental.[3]


Manuscrito ilustrado del Sueño de Constantino y batalla del Puente Milvio en las homilías de Gregorio Nacianceno (BnF MS grec 510, folio 355). Ca. 879-882. Biblioteca Nacional de Francia.
El fresco La Visión de la Cruz, representación de la Escuela de Rafael de la visión de Constantino (1520-1524).
El fresco Batalla del Puente Milvio, obra de Giulio Romano en la que se muestra la batalla (1520-1524).
Arco de Constantino en Roma construido en 315 para celebrar su victoria.
Inscripción en la parte sur del Arco de Constantino.