Juegos Olímpicos de Berlín 1936


Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, oficialmente conocidos como los Juegos de la XI Olimpiada, se llevaron a cabo en Berlín, Alemania, entre el 1 y el 16 de agosto de 1936, durante el periodo del Tercer Reich. Participaron 3963 deportistas (3632 hombres y 331 mujeres) de 49 países, quienes compitieron en 19 deportes y 129 especialidades.[1]​ El deportista más destacado fue el atleta estadounidense Jesse Owens.

La ciudad de Berlín fue seleccionada como sede en 1931, más de un año antes del nombramiento de Adolf Hitler como Canciller de Alemania. Cabe resaltar la primera intención de boicot a los juegos por parte del equipo de los Estados Unidos, pero finalmente optaron por participar. Hitler aprovechó la instancia deportiva para demostrar al mundo la "magnificencia" del nazismo y encargó un elaborado programa de difusión al ministro de propaganda Joseph Goebbels, quien a su vez encargó la puesta en escena a Albert Speer y la supervisión y filmación a la fotógrafa Leni Riefenstahl.[2]​ El 1 de agosto, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Berlín, como una muestra de la grandeza del poderío alemán, el célebre dirigible Hindenburg sobrevoló el estadio olímpico momentos antes de la aparición de Hitler.

España, por primera y única vez en la historia, boicoteó estos Juegos y no participó. Había organizado como alternativa la Olimpiada Popular en Barcelona, suspendida por comenzar la Guerra Civil el día anterior a su inauguración.

Existen varias controversias muy extendidas sobre los Juegos Olímpicos de Berlín. Una de ellas afirma que Adolf Hitler, supuestamente habría intentado utilizar los juegos para demostrar sus teorías sobre la presunta superioridad racial aria. Además, la instrumentalización propagandística de los juegos que realizó el régimen nazi es algo que también ha sido criticado.[3]

Otra se refiere a uno de los atletas más populares de los juegos que fue Jesse Owens, ganador de las pruebas de 100 m, 200 m, 4 × 100 m y salto de longitud. En este mito se afirma que Hitler rehusó dar la mano a Owens. La verdad es que Hitler solo felicitó personalmente a los dos primeros ganadores de los juegos, y no repitió las felicitaciones con nadie más. El propio Jesse Owens afirma en sus memorias que recibió una felicitación oficial por escrito del gobierno alemán, y que sin embargo el presidente Franklin Delano Roosevelt no invitó al atleta a las celebraciones en la Casa Blanca ni le enviaron felicitaciones por escrito,[4]​cuestión que Owens lamentaría en sus memorias.[4]George Bush le concedería a Owens de manera póstuma la medalla de honor del Congreso.[5]

Por último, se cree que los juegos fueron un momento de humillación para el régimen nazi porque algunos atletas negros consiguieron un gran número de medallas. En realidad, la competencia no constituyó ninguna ofensa para la Alemania Nazi, ya que el país anfitrión logró recoger más medallas que los demás países y Hitler se mostró satisfecho con el resultado.[6]


Vista aérea del estadio.
Vista nocturna.
Países participantes (en azul, los debutantes).
Una medalla de oro