Calendario juliano


El calendario Juliano, introducido por Julio César en el año 46 a. C. (708 AUC; ab Urbe condita; es decir, desde la fundación de Roma), resultó de una reforma del calendario romano.[1]​ Entró en vigor en el 45 a. C. (709 AUC), poco antes de la conquista romana de Egipto. Era el calendario predominante en el mundo Romano, y posteriormente en la mayor parte de Europa y en los asentamientos europeos de América y otros lugares,[2]​ hasta que fue sustituido progresivamente por el Calendario Gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Si bien el cambio de calendario fue impuesto y aceptado en la mayor parte de los países, se tiene que las iglesias ortodoxas de Jerusalén, Rusia (y todos sus territorios patriarcales en la antigua URSS y la diáspora), Serbia, Montenegro, Polonia (desde el 15 de junio de 2014), Macedonia del Norte, Georgia, Ucrania y los antiguos calendaristas griegos y otros grupos continuarían utilizando el calendario juliano hasta fechas muy recientes en el siglo 21, por lo que todavía celebraban la Navidad el 25 de diciembre del Calendario Juliano (cuando en el Gregoriano corresponderá al 7 de enero lo que se seguirá haciendo hasta 2100). Mientras que la Iglesia Ortodoxa Rusa tiene algunas parroquias en Occidente que celebrarán la Navidad el 25 de diciembre gregoriana hasta el 2799. También las iglesias orientales armenia, copta, etíope, eritrea, asiria y siro-jacobita mantienen el calendario juliano, con ciertas peculiaridades nacionales.

En términos astronómicos, el calendario juliano se atrasa con respecto al año trópico aproximadamente un día cada 128 años lo que equivale a 11 minutos 14 segundos de exceso por año. Para el calendario gregoriano, la cifra es de un día cada 3324 años.[3]​ La diferencia en la longitud media del año entre el calendario juliano (365,25 días) y el gregoriano (365,2425 días) es del 0,002 %.

El calendario juliano tiene un año regular de 365 días divididos en 12 meses. Se agrega un día bisiesto a febrero cada cuatro años. El año juliano tiene por lo tanto un promedio de 365,25 días, ajustando aproximadamente con este día adicional la duración del año trópico. Aunque los astrónomos griegos ya sabían (al menos desde Hiparco, un siglo antes de la reforma juliana) que el año trópico era unos minutos más corto que 365,25 días, no se consideró esta diferencia. Como resultado, el calendario juliano perdía alrededor de tres días cada cuatro siglos en comparación con los equinoccios observados con el paso de las estaciones. Esta discrepancia fue corregida por la reforma gregoriana de 1582.


Julio César, promulgador del calendario juliano