Cayo


Un cayo, término de origen antillano,[1]​ es una pequeña isla con una playa de baja profundidad, formada en la superficie de un arrecife de coral.

Los cayos por lo general se encuentran en ambientes tropicales de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico (incluidos el mar Caribe, la Gran barrera de coral y el arrecife de barrera de Belice), donde pueden proporcionar tierra habitable y agrícola para cientos de miles de personas. Sus ecosistemas de arrecifes que lo rodean también proporcionan alimentos y materiales de construcción para los habitantes de la isla. Un inconveniente habitual en estas superficies terrestres es la falta de agua potable.

Al conjunto de cayos se le llama cayería. Algunos de ellos pueden ser de considerable extensión territorial, como es el caso del cayo Coco (aproximadamente 370 kilómetros cuadrados), al norte de la isla de Cuba, que constituye así la cuarta mayor isla del archipiélago cubano, después de la isla de Cuba y de la isla de Pinos o isla de la Juventud y del cayo Romano (vecino a cayo Coco).

Un cayo se forma cuando las corrientes oceánicas transportan sedimento suelto a través de la superficie de un arrecife hacia un nodo de depósitos, lugar donde la corriente disminuye o converge con otra corriente, liberando su carga de sedimentos. Poco a poco, las capas de la acumulación de sedimentos son depositadas en la superficie del arrecife.

Estos nodos se producen en áreas de superficies de arrecifes en barlovento o sotavento, aunque a veces surgen alrededor de un afloramiento de un antiguo arrecife emergente o en una playa rocosa.

La isla que resulta de la acumulación de sedimentos se compone casi enteramente de sedimento biogénico –restos de esqueletos de plantas y animales– de los ecosistemas de arrecifes circundantes. Si los sedimentos acumulados son predominantemente arena, la isla se llama "cayo", y si son predominantemente de grava, la isla se llama "islote".