Ciudad cerrada


Una ciudad cerrada, ciudad secreta o pueblo cerrado es una población donde están restringidas las visitas y pernoctaciones, de forma que se requiere de una autorización especial para ello. El motivo puede ser la existencia de una base militar o un centro secreto de investigación científica.

En la Unión Soviética existían numerosas ciudades cerradas, y, tras su disolución en 1991, algunas mantuvieron su estatus en los países de la CEI, sobre todo en Rusia, donde se conocen oficialmente como complejos administrativo-territoriales cerrados (закрытые административно-территориальные образования, zakrytye administrativno-territorial'nye obrazovaniya, ZATO).

Las ciudades cerradas fueron creadas a partir de finales de la década de 1940 bajo el nombre eufemístico de “buzones postales” (en referencia a la costumbre de enviar el correo hacia ellas mediante buzones de correo ubicados en otras ciudades). Las había de dos categorías distintas. La primera categoría incluía comunidades que albergaban complejos industriales, militares o científicos que eran considerados sensibles, tales como plantas de fabricación de armas o centros de investigación nuclear. Ejemplos de ciudades de este tipo eran Perm, un centro de fabricación de tanques de guerra; Gorky, donde fue exiliado el disidente Andrei Sájarov para limitar sus contactos con los extranjeros; y Vladivostok, que era la base de la Flota Soviética del Pacífico.[1]

En la segunda categoría se encontraban ciudades en las fronteras (y áreas fronterizas enteras, como por ejemplo el Óblast de Kaliningrado) que se encontraban cerradas a causa de razones de seguridad. Zonas cerradas similares existían en otras partes del bloque soviético; una gran zona a lo largo de la frontera interna alemana y la frontera entre Alemania del Este y Checoslovaquia tenían restricciones similares.

La ubicación de muchas de estas ciudades cerradas se debía a sus características geográficas y/o industriales. Estas se hallan en remotos parajes de la geografía de los antiguos estados de la Unión Soviética, tales como Rusia y Ucrania, en lugares como los situados en lo profundo de los Montes Urales y en la lejana Siberia, que se hallan fuera del alcance de cualquier bombardero enemigo. Se construían cerca de ríos y/o ensenadas y también de lagos donde éstas pudiesen disponer de grandes cantidades de agua, necesaria para el proceso de los reactores nucleares de agua pesada, y de la industria siderúrgica o espacial, entre otras de interés especial para el gobierno. Existían alojamientos para los civiles que las construyeron en las cercanías de estos complejos. Y al intempestivo e impredecible cierre de estos complejos que se originaba en simulacros de ataques hipotéticos, seguía luego una vida "normal" bajo unas condiciones más favorables; en la práctica, estas ciudades tuvieron un estilo de vida propio y se convirtieron en una notable forma del poder institucional del régimen Soviético.[2]


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