Clasicismo


Clasicismo es la denominación historiográfica de un movimiento cultural, estético e intelectual, inspirado en los patrones estéticos y filosóficos de la Antigüedad clásica (simplicidad, unidad, sobriedad -decorum-, racionalidad, armonía -equilibrio de las proporciones, concordia oppositorum-, mímesis -imitatio naturae-,[3]​ "el hombre como medida de todas las cosas" -homo omnium rerum mensura est-), que se desarrolló de forma simultánea a los distintos estilos artísticos y movimientos literarios[4]​ de la Edad Moderna.

Se expresó en todos los dominios del arte, desde la literatura y la música en sus distintas manifestaciones hasta las artes visuales llamadas "bellas" o "mayores" (arquitectura, pintura y escultura) y las llamadas "decorativas" o "menores" (mobiliario, moda). Aparece junto con el Manierismo, que a su vez dio paso al Barroco y este al Rococó; siendo renovado a través del Neoclasicismo y atacado por el Romanticismo.[5]​ Siguió siendo la tendencia dominante en las artes y el pensamiento occidentales durante los siglos XVIII y XIX, en su vertiente institucionalizada en las academias (el academicismo), mientras que durante el siglo XX tanto el mercado del arte como el ámbito institucional acabaron asumiendo el rupturismo de las vanguardias.

Fundación y Estatutos de la Real Academia Española, 1715. En la ilustración, el lema de esa institución: limplia, fija y da esplendor.

Diccionario de la Academia Francesa de 1835. En la ilustración, el edificio del Instituto de Francia, sede de esa institución.

Como su propio nombre indica, el clasicismo se inspiró en los patrones del arte y el pensamiento del mundo clásico (la Antigua Grecia y la Antigua Roma). No obstante, el clasicismo de la Edad Moderna tiene sus orígenes más inmediatos en la continuidad de movimientos culturales surgidos en la Baja Edad Media: los valores del Renacimiento, junto a la búsqueda del conocimiento y la perfección que caracterizan al humanismo. El clasicismo asume todo ello y lo convierte en un nuevo canon que aspira a lograr la perfección absoluta a través del arte.


Las masacres del Triunvirato, de Antoine Caron, 1566.
Sección de Villa Capra, de Andrea Palladio (ilustración de I Quattro Libri dell'Architettura, 1570).
Detalle de la Capilla de Segismundo, 1535.
Ilustración para La Ilíada, John Flaxman, 1795.
Las kamienice ormiańskie[1]​ ("casas armenias") de Zamosc, Renacimiento polaco.[2]
Palacio de Goyeneche (Madrid), sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El portal, de Churriguera, fue remodelado para eliminar los «excesos» decorativos barrocos.
Panorámica de 360º de la Königsplatz (Múnich). Es un amplio espacio rodeado por edificios de arquitectura neoclásica (entre los que está el de la Gliptoteca, primero por la derecha). Su impresionante entorno fue utilizado como escenario de acontecimientos políticos por los reyes de Baviera y posteriormente por el nazismo. Los desfiles atravesaban el eje longitudinal pasando por debajo de los Propileos (edificio del centro).
Sertorio y el ejemplo de los caballos, de Hans Holbein el Joven, ca. 1540.