Crisis ecológica


El cambio climático tiene grandes impactos en los ecosistemas. Con el aumento de la temperatura global hay un decrecimiento de la caída de nieves, y un crecimiento de los niveles del océano. Los ecosistemas cambiarían o evolucionarán para hacer frente al aumento en su temperatura.

Los osos polares están empezando a evidenciarlo. Necesitan el hielo donde cazan focas, su presa principal. Sin embargo, las capas de hielo se están derritiendo, haciendo sus periodos de cacería más cortos cada año. Como resultado los osos polares no están acumulando la suficiente cantidad de grasa para el invierno, a consecuencia de esto no se pueden reproducir apropiadamente.

La pérdida de especies en un ecosistema puede eventualmente afectar a todas las criaturas vivientes. En Estados Unidos y Canadá se está sufriendo una dramática disminución de la población de los tiburones en la costa este. Desde que esto ha pasado han incrementado la población de mantarayas que en contraprestación ha disminuido la cantidad de mariscos en las costas. La pérdida de los mariscos ha reducido la calidad del agua y el tamaño de las camas de algas. La diversidad biológica se está perdiendo a un ritmo acelerado. Cuantas más especies hay en un ecosistema más resistente es su evolución.

En condiciones ideales, cuando la población animal crece, también lo hace el número de depredadores que se alimentan de ese animal en particular. Los animales que tienen defectos de nacimiento o genes débiles mueren al no poder competir con los animales sanos.

En realidad, un animal que no es nativo en un ambiente puede tener ventajas sobre los nativos, hasta llegar a ser inadecuados para los depredadores locales. Si no se controla, una especie introducida puede rápidamente superpoblar y finalmente destruir su medio ambiente (especie invasora).