Cupido


Cupido (llamado también Amor en la poesía latina)[1][2]​ es, en la mitología romana, el dios del deseo amoroso.[3]​ Según la versión más difundida, es hijo de Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y de Marte, el dios de la guerra. Se le representa generalmente como un niño desnudo y alado, con los ojos vendados y armado de arco, flechas y aljaba. Su equivalente en la mitología griega es Eros.

Como nombre propio, Cupido pasó sin variación del latín al español, tomándolo del nominativo y no del acusativo, como es costumbre. Fue precisamente el nombre que el poeta Virgilio, en la Eneida, dio al dios hijo de Venus.

Existen varias versiones acerca del nacimiento de Cupido. Según Séneca, es hijo de Venus y de Vulcano.[5]​ Para Cicerón, en el tercer libro de De natura deorum, eran distintos Cupido (que se identificaría con el Hímero griego), hijo de la Noche y del Erebo, y el Amor (cuyo equivalente griego sería Eros), hijo de Júpiter y de Venus.[6]​El primero, violento y caprichoso; el segundo, suave y deleitoso. Sin embargo, la versión más extendida, según la cual Cupido es hijo de Venus (Afrodita) y de Marte (Ares), parece provenir de la fuente griega de Simónides de Ceos.[5][7]

De acuerdo a esta última versión, Cupido nació en Chipre, como su madre, quien tuvo que esconderle en los bosques y dejar que fuera amamantado por fieras que solo con él eran piadosas. Venus no osaba tenerle consigo, temiendo el rigor de Júpiter, quien, previendo todo el mal que el niño haría al universo, pretendía fulminarlo al nacer. El Destino, sin embargo, permitió que Cupido se mantuviera a salvo. Se formó hermoso como su madre, y audaz como su padre, e incapaz de ser guiado por la razón, a la manera de sus selváticas nodrizas. En el bosque fabricó un arco con madera de fresno, y flechas de ciprés. Tiempo después, Venus le regaló arco y flechas de oro. Las flechas de Cupido eran de dos tipos: unas tenían punta de oro, para conceder el amor, mientras que otras la tenían de plomo, para sembrar el olvido o desamor. Además, se le concedió el poder de que ni los hombres ni los dioses, ni su propia madre ni aun su propio pecho fuesen inmunes a las heridas que produjeran sus flechas, como prueba el amor hacia Psique, al que él mismo se vio sometido. La nereida Tetis, el día de sus bodas con Peleo, obtuvo para Cupido el perdón de Júpiter, y la gracia de ser admitido entre los dioses patricios.[8]

Miguel de Cervantes, en el Capítulo XX de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, pone estos versos descriptivos en boca de Cupido:


Cupido con una mariposa, obra de William-Adolphe Bouguereau. 1888.
Marte desarmado por Venus, obra de Jacques-Louis David (1824). Según la versión más difundida, Cupido es hijo de Venus y de Marte.
Retrato del príncipe Henry Lubomirski como el Amor, obra de Vigée-Lebrun. 1789.
Venus y Cupido, de Alessandro Allori. Museo Fabre, Montpellier.
Cupido reaviva la antorcha de Himeneo. Obra de George Rennie.
Cupido y Psique, de Bouguereau, 1889.
Cupido y Psique, de Jacques-Louis David.
Cupido y Psique, óleo de Jacopo Zucchi, 1589.
El Templo del Amor, en el Pequeño Trianon (Francia) resguarda en su interior una estatua de Cupido.
Cupido y Psique, óleo de François Pascal Simon, Barón Gérard, 1798.
Las bodas de Cupido y Psique, óleo de François Boucher, 1744.
Eneas le cuenta a Dido las desgracias de la ciudad de Troya, mientras ella acaricia a Cupido, que se hace pasar por Ascanio.
Lira y Cupidos. Fresco romano de Herculano.
Representación moderna.
Cupido (Cupidon, L'Amour Mouille). William-Adolphe Bouguereau. 1891.
Detalle de El martirio de San Mateo, de Caravaggio. Representación de un putto.
Detalle de la Madonna Sixtina, óleo de Raffaello Sanzio. Esta es tal vez la más conocida e icónica representación de putti.