Determinismo biológico


El determinismo biológico, en sociología, filosofía de la ciencia y biología, describe la creencia de que el comportamiento humano es controlado por los genes de un individuo.

El determinismo biológico afirmaría que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los grupos, básicamente diferencias de etnia, de clase y de sexo, derivan de ciertas diferencias heredadas innatas, y que en este sentido, la sociedad constituye un reflejo fiel de la biología. El determinismo biológico habría desempeñado un papel negativo en la explicación y creación de conceptos como la raza, el género y la sexualidad.[1]

El determinismo biológico se plantea hoy en términos de determinismo genético, un conjunto de teorías que defienden la posibilidad de dar respuestas últimas al comportamiento de los seres vivos a partir de su estructura genética. Por lo tanto, la conducta, tanto de los animales como del ser humano, obedece a formas que han sido necesarias para la supervivencia de sus genes, y que se extienden a complejos sistemas sociales adaptados a su más favorable proceso evolutivo.

El consenso científico es que actualmente no hay pruebas para el determinismo biológico estricto en las ciencias biológicas y psicológicas. Los rasgos físicos y comportamientos son fenotipos ya que son el resultado de interacciones complejas entre la biología y el medio ambiente.[2]

En 1889, el biólogo evolutivo alemán August Weismann propuso en su teoría del germoplasma que la información hereditaria se transmite solo a través de células germinales, que pensaba que contenían determinantes (genes). El erudito inglés Francis Galton, suponiendo que se heredaban rasgos indeseables como el pie zambo y la criminalidad, defendía la eugenesia, con el objetivo de evitar que se reprodujeran personas supuestamente defectuosas. El médico estadounidense Samuel George Morton y el médico francés Paul Broca intentaron relacionar la capacidad craneal (volumen interno del cráneo) con el color de la piel, con la intención de demostrar que los blancos eran superiores. Otros trabajadores como los psicólogos estadounidenses H. H. Goddard y Robert Yerkes intentaron medir la inteligencia de las personas y demostrar que los puntajes resultantes eran heredables, nuevamente para demostrar la supuesta superioridad de las personas de piel blanca. [3]

Galton popularizó la frase "naturaleza y crianza", que luego se usó a menudo para caracterizar el acalorado debate sobre si los genes o el medio ambiente determinaban el comportamiento humano.