Dióxido de azufre


El dióxido de azufre, u óxido de azufre (IV), es un óxido cuya fórmula molecular es SO2. Es un gas incoloro con un característico olor irritante. Se trata de una sustancia reductora que, con el tiempo, el contacto con el aire y la humedad, se convierte en trióxido de azufre. La velocidad de esta reacción en condiciones normales es baja.

En agua se disuelve formando una disolución ácida. Puede ser concebido como el anhidruro de un hipotético ácido sulfuroso (H2SO3). Esto —en analogía a lo que pasa con el ácido carbónico— es inestable en disoluciones ácidas pero forma sales, los sulfitos y hidrogenosulfitos.

El dióxido de azufre se forma en el proceso de combustión del azufre[4]​ y del sulfuro de hidrógeno:

También puede obtenerse por el tostado de minerales sulfurados tales como la pirita (FeS),[5]​ la wurtzita o la blenda (ambos ZnS),[6]​ la galena (PbS),[4]Calcantita (CuSO4)[7]​y el cinabrio (HgS):

La oxidación del dióxido de azufre a trióxido de azufre en presencia de oxígeno es una reacción que ocurre en forma espontánea muy lentamente debido a su alta energía de activación.[9]​ Para acelerar la reacción se utilizan catalizadores como pentóxido de vanadio (V2O5) o platino que permiten la oxidación del gas a medida que se produce el contacto con el catalizador sólido.[9]​ Antiguamente se utilizaba como catalizador una mezcla de óxidos de nitrógeno gaseosos.[9]​ La oxidación mediada por catalizadores es utilizada en la fabricación industrial de ácido sulfúrico.

La oxidación del dióxido de azufre a trióxido de azufre puede producirse también por la reacción con ozono.[4]​ La reacción ocurre en forma espontánea en las capas altas de la atmósfera.[4]​ El trióxido de azufre al reaccionar con el agua presente en las nubes produce ácido sulfúrico, el cual disminuye el pH del agua y precipita en forma de lluvia ácida.[4]