Dictadura de Primo de Rivera


La dictadura de Primo de Rivera fue el régimen político que hubo en España desde el golpe de Estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, el 13 de septiembre de 1923, hasta la dimisión de este el 28 de enero de 1930 y su sustitución por la «dictablanda» del general Dámaso Berenguer. Ha sido considerada como «el primer ensayo de institucionalización consciente del nacionalismo español autoritario» cuyo instrumento fue el Ejército, fuertemente corporativo y militarista.[1]

Se ha discutido su relación con el fascismo, que solo un año antes había llegado al poder en Italia. José Luis Rodríguez Jiménez considera que «el régimen de Primo de Rivera tenía poco que ver con el fascismo. En cambio, sí enlaza perfectamente con varios regímenes dictatoriales existentes en el este de Europa, como el del general Metaxas en Grecia, de Milan Stojadinovic en Yugoslavia, Pilsudski en Polonia, y Horthy en Hungría». Sin embargo, este mismo historiador advierte que «sí fue uno de los primeros regímenes europeos en adoptar algunos de los rasgos del fascismo, entre los que sobresale el intento de crear un partido único», y además, «algunos de los ministros y propagandistas del régimen, admiradores de la figura de Mussolini, empleaban un discurso próximo al fascismo».[2]

Desde la Guerra hispano-estadounidense conocida en España como "la Guerra de Cuba", se produjo una creciente interferencia del Ejército en la vida política española. Dos momentos claves de esta actitud pretoriana del Ejército fueron la crisis del Cu-Cut! de 1905 —el asalto por oficiales de la guarnición de Barcelona de la redacción y los talleres de esta publicación satírica nacionalista catalana, y también los del periódico La Veu de Catalunya, en respuesta a una viñeta satírica sobre los militares— y que condujo a la Ley de Jurisdicciones de 1906 y la crisis española de 1917, en la que cobraron un especial protagonismo las autodenominadas Juntas de Defensa, integradas exclusivamente por militares.[3]

Durante ese periodo, a los intentos regeneracionistas fracasados de Silvela le siguió la intentona de hacer una “reforma desde arriba” del conservador Maura, que tuvo que dimitir tras los sucesos la Semana Trágica de Barcelona en 1909. Posteriormente Canalejas intentó un programa reformista liberal, que tampoco logró resolver los problemas estructurales.


El rey Alfonso XIII, junto al general Miguel Primo de Rivera (derecha) después de su nombramiento como jefe del Gobierno y presidente del Directorio militar.
El dictador fascista italiano Benito Mussolini en 1930.
De izquierda a derecha (en negrita los generales miembros del Directorio militar y entre paréntesis el número de la región militar a la que representan; en cursiva, los cuatro generales miembros del Cuadrilátero): el general Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII, y el general José Cavalcanti de Alburquerque, en primera fila; el general Antonio Mayandía Gómez (5.ª), el general Federico Berenguer Fusté y general Leopoldo Saro Marín, en segunda fila; el general Antonio Dabán Vallejo, el general Francisco Ruiz del Portal (7.ª) y el general Luis Navarro y Alonso de Celada (3.ª), en tercera fila; el general Luis Hermosa y Kith (2.ª), el general Dalmio Rodríguez Pedré (4.ª), el general Adolfo Vallespinosa Vior (1.ª), el general Francisco Gómez-Jordana Sousa (6.ª), y el general Mario Muslera y Planes (8.ª), en última fila.
Desembarco de Alhucemas, septiembre de 1925
Amerizaje del Plus Ultra en el Río de la Plata, frente a Buenos Aires (enero de 1926)
Plaza de España de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.
Locomotora de la MZA, una de las más potentes de su tiempo. La ampliación y modernización de la Red de Comunicaciones española fue una de las bazas de la dictadura primorriverista.
Edificio del Palacio de la Prensa en la Gran Vía de Madrid, inaugurado en 1929
Primo de Rivera junto a los monarcas españoles. En los últimos tiempos de la dictadura se acrecentó la distancia entre ambos pero la caída de Primo de Rivera arrastraría a Alfonso XIII.
Francesc Macià (derecha) con su abogado (izquierda) a punto de abandonar París tras el juicio por el fracasado complot de Prats de Molló.