Eficiencia reproductiva


Eficiencia reproductiva, en demografía, sociología y geografía humana, es la relación entre longevidad (los años vividos) y la fecundidad (número de hijos por mujer). El concepto de eficiencia reproductiva es central en la teoría de la revolución reproductiva propuesta por MacInnes y Pérez Díaz para comprender la naturaleza del cambio demográfico que conduce a las sociedades modernas.[1]

Una alta eficiencia reproductiva implica una alta longevidad de los individuos asociada a una baja natalidad y supone una transformación radical de la eficiencia con la que los seres humanos han conseguido históricamente reemplazarse con nuevos seres humanos antes de morir.[1][2]

El término eficiencia reproductiva se usa también en biología de la reproducción -para referirse a las condiciones más idóneas de los gametos para la fecundación-[3]​ y en veterinaria.[4]

Aunque el potencial reproductivo humano es elevado (un promedio de 12 hijos por mujer), a lo largo de la historia humana la eficiencia reproductiva ha sido muy escasa, la mayoría de los nacidos morían antes de alcanzar edades adultas. Esa altísima mortalidad obligaba a usar ese potencial reproductivo para mantener la población.

La reproducción humana no solo depende de la fecundidad, también de la muerte y cuando se produce, es decir de los años vividos. La reproducción humana contiene estos dos componentes analíticamente separados, los nacimientos y las muertes.[1]

Cuando la supervivencia de un altísimo porcentaje de los nacidos es alta y se alcanza una gran longevidad dejan de ser necesario muchos nacimientos para mantener la reproducción demográfica -la población sostenida a lo largo del tiempo por las generaciones- alcanzándose por primera vez en la historia humana una alta eficiencia reproductiva lo que supone una auténtica revolución reproductiva. Es necesario destacar que la supervivencia masiva de las generaciones hasta el final de su vida fecunda supone un logro históricamente irrepetible.[1]