Elección


Hacer una elección consiste en el proceso mental de juzgar los méritos de múltiples opciones y seleccionar una o más de entre ellas.

Mientras una elección puede hacerse entre opciones imaginarias («¿qué pasaría si...?»), normalmente se hace entre opciones reales y seguidas de la correspondiente acción. Por ejemplo, la ruta en un día de trabajo se elige según la preferencia de llegar un destino tan pronto como sea posible. La ruta preferida deriva de cuán larga es cada una de las posibles rutas. Si la preferencia es más compleja, como al implicar un determinado escenario en la ruta, la cognición y los sentimientos intervienen en mayor medida y la elección es más difícil.

Existen muchos ejemplos complejos (con decisiones que afectan lo que la persona percibe, piensa o siente), como elegir un modo de vida o una posición política.

La mayor parte de la población ve la toma de decisiones como algo positivo, aunque existe una gran cantidad de limitaciones que pueden llevar a considerar la elección como una molestia y, posiblemente, un resultado insatisfactorio.

Contrasta con el hecho de que una cantidad ilimitada de elecciones puede llevar a la confusión, bien arrepintiéndose de no haber elegido otra opción, bien mediante la indiferencia ante una existencia sin estructura. Si la elección de un objeto o camino conduce necesariamente al control de ese objeto o camino, es posible que se trate de un problema psicológico.

Hay cuatro grandes tipo de decisiones; aunque pueden expresarse de varias formas, Brian Tracy, las divide en:[1]