Entidad política


Entidad política es un concepto propio de las ciencias políticas que designa a la institución política que tiene una dimensión territorial, tanto si es un Estado soberano como si es una demarcación administrativa de este.

En la Edad Antigua y la Edad Media las entidades políticas dominantes eran las ciudades-Estados, los reinos y los imperios. En Europa Occidental, el Imperio Romano de Occidente, tras su caída, fue sustituido por los reinos germánicos, en medio de un secular proceso de transición al feudalismo europeo, del que el surgimiento y caída del Imperio carolingio fue el principal episodio. La organización territorial del Imperio se hizo en condados, ducados y marcas, que con el tiempo pasaron de ser administradas por funcionarios a ser gobernadas por aristócratas hereditarios; independientes de hecho y luego de derecho. La expansión musulmana puso un inmenso espacio del Viejo Continente (de al-Andalus al Imperio moghul) bajo los criterios propios de su peculiar sistema religioso-jurídico-político (la umma o comunidad de creyentes -califato, emiratos, sultanatos, taifas, mamlakas, etc.-)[1]

Mientras el Imperio bizantino y el resto de la cristiandad oriental se desarrollaban bajo sus propios criterios, en la cristiandad latina, desde finales de la Edad Media se fueron produciendo transformaciones sustanciales, entre las que destacaron la crisis de ambos poderes universales (el Pontificado y el Sacro Imperio , aspirantes a convertirse en [[dos espadas|la «espada» conformaron en los primeros Estados nacionales o Estados modernos (Reino de Portugal, Reino de Inglaterra, Reino de Francia, Monarquía Católica o Hispánica).

Durante toda la Edad Moderna, las entidades políticas propias del Antiguo Régimen evolucionaron de manera muy compleja, manteniendo su particularismo[2]​ o bien homogeneizándose con criterios centralistas; lo que ejemplificó la monarquía absoluta de Luis XIV de Francia a finales del siglo XVII. Al mismo tiempo surgieron las primeras entidades políticas propias del Nuevo Régimen o Estados liberales, ejemplificados en la Revolución holandesa y la Revolución inglesa. Fracasados tanto la idea imperial de Carlos V como la hegemonía de los Estados Habsburgo (alianza familiar de los Austrias de Viena y Austrias de Madrid), en los tratados de Westfalia (1648) se diseñó el nuevo equilibrio europeo y el nuevo concepto de relaciones internacionales.[3]

La denominada Era de las revoluciones produjo una radical transformación de las entidades políticas, a partir de la Revolución americana (1776) y la Revolución francesa (1789), que se continuó con las guerras napoleónicas y la Restauración, culminando en la Revolución de 1848 (la llamada «primavera de los pueblos»). Simultáneamente se produjo la independencia de la América española y portuguesa.[4]