Espíritu Santo


En la teología cristiana, el Espíritu Santo —o expresiones equivalentes como son, entre otras, Espíritu de Dios, Espíritu de verdad o Paráclito, del griego παράκλητον parákleton: ‘aquel que es invocado’, del latín Spiritus Sanctus: Espíritu Santo— es una expresión bíblica que se refiere a la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es, además, una compleja noción teológica por medio de la cual se describe una “realidad espiritual”[1]​ suprema, que ha sido interpretada de maneras múltiples en las confesiones cristianas y escuelas teológicas.

De esta realidad espiritual se habla en muchos pasajes de la Biblia, con las expresiones citadas, sin que se dé una definición única. Esto fue el motivo de una serie de controversias que se produjeron principalmente durante tres periodos históricos: el siglo IV como siglo trinitario por excelencia, las crisis cismáticas de Oriente y Occidente acaecidas entre los siglos IX y XI y, por último, las distintas revisiones doctrinales nacidas de la reforma protestante.

En torno a la “naturaleza” del Espíritu Santo se sostienen básicamente cinco interpretaciones:[cita requerida]

Sobre la “procedencia” del Espíritu Santo, existe cierta unanimidad entre las diferentes confesiones cristianas. A excepción de la interpretación triteísta, que asume al Espíritu Santo como un ser increado e independiente de Dios, las otras tres interpretaciones consideran que procede de Dios, aunque se diferencian en la forma. En el modalismo procede como “fuerza”, en el arrianismo como “criatura”, y en el trinitarismo como “persona”. El trinitarismo aborda, además, una cuestión adicional propia de su marco teológico: distingue entre la procedencia del Padre y la procedencia del Hijo, cuestión conocida como cláusula Filioque.

En lo referente a las “cualidades” del Espíritu Santo, teólogos cristianos asumen que es portador de dones sobrenaturales muy diversos que pueden transmitirse al hombre por su mediación. Si bien la enumeración de los dones puede variar de unos autores a otros y entre distintas confesiones, existe un amplio consenso en cuanto a su excelencia y magnanimidad.

Aunque la mayor parte de las Iglesias cristianas se declaran trinitarias, existen también Iglesias no trinitarias que confiesan alguna de las otras modalidades interpretativas.


Alegoría del Espíritu Santo en la basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.
El Espíritu Santo suele ser representado con una paloma blanca que representa la pureza, otras representaciones son el fuego (simboliza la energía transformadora), el agua (simboliza su acción en el bautismo) o el viento (simboliza que no lo podemos ver).
Representación en piedra del Espíritu Santo: su santidad queda indicada con la orla de la cabeza. Clave en la iglesia de San Miguel de Michaelsberg (Cleebronn, Alemania).
Separación de los cielos y la tierra. Miguel Ángel, Capilla Sixtina.
Coronación del rey David, miniatura de un salterio medieval conservado en la Biblioteca Nacional de Francia.
El Libro de Isaías en una Biblia inglesa.
La anunciación de Fra Angélico (Museo del Prado, Madrid).
Bautismo de Cristo, pintura de Piero della Francesca (National Gallery, Londres).
Transfiguración de Jesús, por Rafael y Giulio Romano (Museos Vaticanos, Roma).
Pentecostés en una representación ortodoxa.
A la izquierda, San Pablo por El Greco. A la derecha, un folio del papiro 46, que contiene pasajes correspondientes a la Segunda epístola a los corintios. Esa epístola paulina incluye la bendición más antigua en la que aparecen el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo.
Santísima Trinidad de Andrei Rubliov (Galería Tretyakov, Moscú).
Ejemplar de la Restitución del Cristianismo de Miguel Servet.
Retablo mayor de la Cartuja de Miraflores (Burgos, España). En el medallón central, Dios Padre y el Espíritu Santo (ambos con forma humana) sostienen los extremos del travesaño de la cruz.