Espacio exterior


El espacio exterior, espacio vacío, espacio sidéreo, espacio sideral o simplemente espacio, se refiere a las regiones relativamente vacías del universo fuera de las atmósferas de los cuerpos celestes. Se usa «espacio exterior» para distinguirlo del espacio aéreo y las zonas terrestres. El espacio exterior no está completamente vacío de materia (es decir, no es un vacío perfecto) sino que contiene una baja densidad de partículas, predominantemente gas hidrógeno, así como radiación electromagnética. Aunque se supone que el espacio exterior ocupa prácticamente todo el volumen del universo y durante mucho tiempo se consideró prácticamente vacío, o repleto de una sustancia denominada «éter», ahora se sabe que contiene la mayor parte de la materia del universo. Esta materia está formada por radiación electromagnética, partículas cósmicas, neutrinos (cuya masa es tan pequeña que viajan a velocidades cercanas a la de la luz), materia oscura (materia que compone casi el 90% de las galaxias pero que no interactúa con la luz y nunca ha sido observada)[1]​ y la energía oscura. De hecho en el universo cada uno de estos componentes contribuye al total de la materia, según estimaciones, en las siguientes proporciones aproximadas: elementos pesados %), materia estelar (0,5 %), neutrinos (0,3 %), estrellas (aprox. 25 %) y energía oscura (aprox. 70 %); total 100,33 %, por lo que sobra un 0,33 % sin estimar. La naturaleza física de estas últimas es aún apenas conocida. Solo se conocen algunas de sus propiedades por los efectos gravitatorios que imprimen en el período de revolución de las galaxias, por un lado, y en la expansión acelerada del Universo o inflación cósmica.

Los antiguos filósofos griegos debatieron la existencia del vacío, o de la nada. La teoría atomista, (en la que destacaban Leucipo y Demócrito) sostuvo la idea de una infinidad de átomos moviéndose en un vacío infinito. Por su parte, Platón era escéptico sobre la existencia del vacío. En su diálogo Timeo (58d), menciona que «existe un tipo más translúcido [que el aire] al que se le llama éter (αίθηρ)». Aristóteles, que había sido alumno de Platón, estuvo de acuerdo en este punto con su mentor. En su libro Sobre el cielo introdujo un nuevo elemento en el sistema de los 4 elementos clásicos. Este elemento estaba localizado en las regiones celestiales y en los cuerpos celestes y no tenía ninguna de las cualidades que tenían los elementos clásicos terrestres. No era ni caliente ni frío, ni húmedo ni seco.[2]​ Con esta adición el sistema de elementos se extendió a cinco y más tarde los comentaristas comenzaron a referirse a él como la quinta esencia.

Los filósofos escolásticos medievales concedieron cambios de densidad del éter, en los que los cuerpos de los planetas eran considerados más densos que el medio que llenaba el resto del universo.​ En la China del siglo II el astrónomo Zhang Heng aseguró que el espacio es infinito y se extiende más allá del Sol y las estrellas.[3]


Capas de la atmósfera (no está a escala)
Bomba de vacío de Otto von Guericke (arriba a la derecha).
Línea del tiempo de la evolución del universo.
El Campo Ultraprofundo del Hubble, su luz fue emitida hace 13 000 millones de años.
El traje espacial de los astronautas los protege de la presión y la radiación.
El Sol y los planetas del sistema solar.
Una aurora captada por el transbordador espacial Discovery en 1991.
El plasma (azul) y el polvo (blanco) de la cola del cometa Hale-Bopp es separado por la radiación solar y el viento solar, respectivamente.
Arco de choque formado por la magnetosfera de una joven estrella, al colisionar con la nebulosa de Orión.
La Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea.
Un misil lanzado para destruir satélites.