Espléndido aislamiento


Espléndido aislamiento (en inglés: Splendid isolation) es un término que hace referencia a la política exterior aislacionista que mantuvo Gran Bretaña durante gran parte del siglo XIX, rechazando cualquier compromiso diplomático, político, o militar, con cualquier otra potencia, al punto que solamente se consideraría aceptable alguna clase de pacto o alianza en caso de que peligrasen las posesiones coloniales de Gran Bretaña.

Según esta doctrina, Gran Bretaña debía evitar el establecimiento de alianzas permanentes con país alguno del globo para la defensa de sus intereses, atendiendo a que el máximo interés diplomático británico era evitar -por cualquier medio- verse arrastrada a una guerra entre grandes potencias. Tal política excluía dar garantías británicas de apoyo a cualquier Estado extranjero y rechazaba el envío de tropas o buques de guerra a "países aliados" como sucedió durante las Guerras Napoleónicas cuando el gobierno británico había auxiliado, en lo militar y financiro, a cada coalición pactada contra la Francia napoleónica. De hecho, tras el Congreso de Viena de 1815, Gran Bretaña había rehusado auxiliar, fuera con tropas o con dinero, a los proyectos de la Santa Alianza, formada por Rusia, Austria y Prusia, al mismo tiempo que rehusaba oponerse a los planes de estos países; de este modo la intervención absolutista en España en 1823 contó con la neutralidad británica.

Poco después del Congreso de Viena el primer ministro George Canning había resumido este principio de "espléndido aislamiento" como "No intervención, no a un sistema político europeo; cada nación para sí misma y Dios para todos; equilibrio de poder, respeto por los hechos y no por las teorías; respeto a los tratados pero cautela en extenderlos... Gran Bretaña antes que Europa... los dominios de Europa llegan hasta las orillas del Atlántico y los nuestros empiezan allí".

Con estas miras, la política exterior británica buscaba evitar la aparición de una "superpotencia" en Europa y en simultáneo buscaba preservar el equilibrio de poderes. Así, la intervención británica en la Guerra de independencia de Grecia en 1824 buscaba menguar la influencia de Rusia sobre el naciente estado griego y atraerlo a la órbita de influencia de Gran Bretaña. Factores similares motivaron el apoyo británico a la independencia de Bélgica en 1830, promoviendo la creación de un reino autónomo antes que permitir a Francia o Prusia dominar la orilla sur del Canal de la Mancha.