Excremento


El excremento, también denominado hez, deposición o materia fecal, es el conjunto de los desperdicios sólidos o líquidos que constituyen el producto final del proceso de la digestión. Están formados por los restos de los alimentos que no son absorbidos por el aparato digestivo, tales como fibras y otros componentes que no son útiles para el ser en cuestión. Asimismo, en su composición hay células del epitelio intestinal que se descaman durante el proceso de absorción de los nutrientes, microorganismos y otras sustancias que pueden atravesar el epitelio intestinal.[1]

La apariencia y la consistencia de la heces representan un importante papel en el enfoque clínico del paciente con trastornos gastrointestinales. La descripción hecha por el propio paciente de sus heces, así como los cambios en su consistencia, es fundamental a la hora de valorar la posible presencia de alteraciones como la diarrea o el estreñimiento. Con tal fin, se han propuesto algunas escalas visuales descriptivas. La más ampliamente utilizada es la escala de Bristol, que incluye una clasificación dividida en siete patrones, con ilustraciones.[2]

Las «heces ideales» son pardas, se hunden y tienen aspecto de morcilla con grietas en la superficie (tipo 3 de la escala de Bristol) o bien de salchicha o serpiente, lisa y blanda (tipo 4 de la escala de Bristol).[3]​ Las heces duras se producen cuando existe estreñimiento. Las heces pastosas, blandas o líquidas son heces diarreicas.[1]

Cuando las heces flotan, casi siempre es debido a una absorción deficiente de los nutrientes de los alimentos (malabsorción) o a un exceso de gases (meteorismo). También puede suceder cuando se produce una infección gastrointestinal.[4]

Las principales causas de malabsorción son la celiaquía, la atresia biliar, ciertos medicamentos (colestiramina, tetraciclina, algunos antiácidos, algunos medicamentos empleados para tratar la obesidad, colchicina, acarbosa, fenitoína), ciertos tipos de cáncer (linfoma, cáncer de páncreas, gastrinoma), ciertos tipos de cirugía (gastrectomía con gastroyeyunostomía, tratamientos quirúrgicos para la obesidad, extirpación parcial o completa del íleon), colestasis, hepatitis crónica, intolerancia a la proteína de la leche de vaca, enfermedad de Crohn, daño por tratamientos de radiación, infección parasitaria, enfermedad de Whipple y sida.[5]

El olor característico de las heces proviene de la desaminación descarboxilación del triptófano por las bacterias.[1]


Heces mezcladas con paja.
La escala de Bristol sirve para clasificar las heces según su apariencia y consistencia.