Expiación (religión)


La expiación es la eliminación de la culpa o pecado a través de un tercero. El sujeto culpable queda absuelto de cualquier pena por medio de un objeto, animal (ej. chivo expiatorio) u otra persona, "Cristo" en el caso del cristianismo y algunos cultos antiguos que practicaban el sacrificio animal.

Para los judíos, la palabra viene del hebreo kipper, equivalente al arameo de borrar o la raíz de cubrir. Para los cristianos el concepto más adecuado viene del griego hilasterion, que significa aquello que propicia o expía. El concepto básico parece ser eliminar los obstáculos que impiden que determinadas deidades sean favorables o propicias para con el individuo.

En algunas culturas el pago de la deuda o culpa se hacía con alguna forma de dinero. En otras se mataba un animal para apaciguar la ira de un dios o dioses. En la cultura hebrea, de donde nos llega el concepto de chivo expiatorio, la expiación se hacía principalmente por medio de la sangre de una víctima como símbolo del cambio de una vida ajena por el perdón divino.[1]​ Allí se indica que es Dios mismo quien brinda un medio o condicionamiento para restablecer la relación rota.

En la antigua civilización griega, el animal corrientemente utilizado en los sacrificios purificadores y expiatorios (incluidos los casos de asesinato o para quienes iban a iniciarse en los misterios eleusinos) era el cerdo. En otras ocasiones se despedazaba un perro o incluso a un ser humano —en tiempos históricos, un criminal—, utilizando la sangre como elemento lustral.

Es significativo que, en el caso de expiación o limpieza de toda una comunidad humana, la víctima era paseada por la ciudad o territorio, y los hombres marchaban por entre los pedazos de aquella; una vez que había acumulado sobre ella el mal ajeno, era destruida y arrojada fuera (por ejemplo, tirada al mar). La víctima expiatoria era denominada "remedio" (phármakos) o "residuo".[2]

Las impurezas ceremoniales o morales hacían necesaria la expiación en el Antiguo Testamento. Los motivos de expiación ceremonial incluían el flujo de sangre femenino,[3]​ la contaminación al tocar o manipular un muerto. También ciertos objetos materiales considerados sagrados, como el altar y el tabernáculo, podían potencialmente contaminarse, y era necesario hacer expiación por ellos. Sin embargo, básicamente la expiación se hace por el pecado que contamina tanto al hombre como a las cosas, y del cual la impureza ceremonial es sólo una ilustración de una real impureza espiritual.