Fiebre amarilla


La fiebre amarilla o vómito negro es una enfermedad aguda e infecciosa causada por el virus de la fiebre amarilla. Es una causa importante de enfermedad hemorrágica en muchos países de África y América del Sur. Se denomina fiebre amarilla por la ictericia que afecta a algunos pacientes. Es endémica en áreas subtropicales y tropicales de América del Sur y África. Su presentación clínica es variada, fluctuando desde una enfermedad febril leve y autolimitada (lo más frecuente) hasta una enfermedad hemorrágica y hepática grave (con un 50 % de letalidad). La palabra amarillo del nombre se refiere a los signos de ictericia, que afecta a los pacientes enfermos severamente.[3][4][5][6][7]

Existe una vacuna efectiva pero no se conoce cura, por lo que cuando personas no vacunadas la contraen solo se les puede proporcionar tratamiento sintomático.

La fiebre amarilla ha sido causa de epidemias y pandemias devastadoras en el pasado. La fiebre amarilla era endémica en África hasta que fue distribuida al continente americano con el tráfico trasatlántico de esclavos africanos comenzando en el siglo XV. Algunos de los esclavos africanos, muchos de los cuales tenían mayor inmunidad, tenían infecciones tropicales como la fiebre amarilla que provocaron pandemias entre las naciones indígenas de las Américas.[8]​ Como la enfermedad era endémica en África, las poblaciones de ese continente habían desarrollado cierta inmunidad a ella y solo les provocaban síntomas similares a los de la gripe. Por el contrario, cuando la epidemia golpeaba a colonos europeos en África o en América la mayoría moría.[9][10]

La primera epidemia confirmada de fiebre amarilla en América fue la de 1647 en la colonia inglesa de Barbados.[11]​ En el Caribe esta enfermedad tuvo consecuencias geopolíticas importantes, ya que diezmó muchos ejércitos enviados desde Europa.[12]​ Así, gran parte del triunfo de la Revolución Haitiana de 1802 se debió a que más de la mitad de las tropas francesas murió a causa de la enfermedad.[13]​ Se produjeron también epidemias en otras regiones, como Norteamérica —fue famosa la de Filadelfia en 1793—[14]​ y Europa, por ejemplo Barcelona en 1821.[15]​ Casi siempre afectaban a zonas urbanas con alta densidad de población, debido al corto radio de acción del mosquito Aedes aegypti.[12]

El químico y cirujano español Juan Manuel de Aréjula estudió la Fiebre Amarilla tras un brote en Andalucía y se convirtió en uno de los científicos españoles y europeos más doctos en la materia publicando varios tratados sobre la enfermedad que tuvieron gran profusión y traducciones a otros idiomas. [16]​ La transmisión de la fiebre amarilla fue un misterio para la ciencia durante siglos hasta que en 1881 el cubano Carlos Finlay descubrió el papel del mosquito Aedes. En 1901 la enfermedad fue erradicada de La Habana y en pocos años se volvió rara en el Caribe.[12]


Portada Libro de Juan M. de Aréjula sobre la Fiebre Amarilla (1806)
Fumigaciones realizadas en Leganés contra la enfermedad en las dependencias de las tropas españolas retornadas de Cuba (siglo XIX)
Zona endémica de fiebre amarilla en África (2009)
Zona endémica de fiebre amarilla en América del Sur(2009)
Hombre vomitando por la fiebre amarilla
Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires de Juan Manuel Blanes