Formalismo (filosofía)


El formalismo es una teoría ética que sostiene que el valor moral está determinado por consideraciones formales, y no materiales. Los aspectos materiales de un acto moral incluyen lo que se hace y sus consecuencias, mientras que los aspectos formales son la ley y la actitud e intención del agente. Por lo general, el formalismo ético se refiere a las opiniones de tipo kantiano, pues es una ética per se. Una ética formalista se llama así porque sostiene que la disposición de un agente es tomada sin referencia a ningún aspecto material, determina la moralidad de sus acciones, así como la forma determina la naturaleza de un sujeto material.[1]

Immanuel Kant es el ejemplo clásico de un formalista. Para él, nada puede ser concebido como un bien absoluto, excepto una buena voluntad. Un testamento, sin embargo, es bueno solo en la medida en que cumpla con su deber por pura obediencia, y no por lo que logra o es capaz de lograr. La bondad moral es la sumisión a la ley que impone deberes. Esta ley es única, necesaria, universal e inherente a la razón misma. Al enfatizar la racionalidad de la ley moral, Kant hizo mucho para frenar el empirismo excesivo y el sentimentalismo que era actual en la ética en su tiempo. También insistió en que los actos moralmente buenos solo pueden proceder de un libre albedrío con una intención correcta. Es incorrecto identificar el bien con la actuación solo por obediencia. En una ética sólida, las nociones centrales son las de la naturaleza, el fin y el bien; deber es un concepto subordinado. Muchos actos buenos no son deberes. El amor espontáneo y estimulante del bien logrado en un acto puede ser, en sí mismo, una mejor razón para hacerlo que cualquier deber. Finalmente, se debe señalar que sólo Dios, por su esencia y no simplemente por su voluntad, es absolutamente bueno y, además, también la fuente de toda bondad.[1]

Georg Wilhelm Friedrich Hegel introduce la superación de la lógica formal y el establecimiento de la lógica dialéctica: las matemáticas no han logrado justificar estas operaciones que se basan en la transición, porque la transición no es de naturaleza matemática o formal, sino dialéctica.

Aristóteles [2]​ atribuye a Platón, aunque los pitagóricos y los eleats ya lo habían precedido parcialmente, la primacía de la concepción formalista que habla de idea y especie , entendiéndola tanto como la esencia y causa de las cosas materiales como lo que hace las cosas inteligibles. en el sentido de que es la presencia de la idea en la cosa misma, que es una copia imperfecta de la esencia ideal, lo que hace posible que el intelecto del hombre comprenda lo que es: y de ahí el origen del problema de la relación no resuelta en la doctrina platónica entre el mundo ideal, de la forma y el de la realidad material.