Gorgias


Gorgias (en griego Γοργίας) (c. 460 a. C.-c. 380 a. C.)[1]​ fue un filósofo sofista de Leontinos, del período antropológico de la filosofía griega.

Gorgias nació en la colonia jónico-calcídica de Leontinos, en Sicilia, en torno al año 480 a. C.. Durante su juventud fue discípulo de Empédocles, quien pudo haberle enseñado los rudimentos de su formación retórica y haberle familiarizado con el pensamiento de Parménides y de Zenón de Elea.[2]

En el año 427 a. C., sus conciudadanos de Leontinos le encargaron la dirección de una comisión a Atenas, para recabar apoyos militares contra los afanes expansionistas de Siracusa. Tras la pérdida de independencia de Leontinos en el 424 a. C., Gorgias se exilió en la Grecia continental. Allí, sus enseñanzas pudieron granjearle "además del favor y la protección de las familias más poderosas de Tesalia, unas ganancias que le permitieron hacerse retratar en una estatua de oro macizo que consagró como ofrenda al santuario de Delfos".[2]​ Sin embargo, esto no está claro pues, según su discípulo Isócrates, ninguno de los sofistas "hizo una gran fortuna", sino que vivieron modestamente, "incluido Gorgias, que ganó más que ningún otro y estaba soltero y sin cargas familiares". Habría sido Platón quien habría intentado poner de relieve la riqueza acumulada por los sofistas.[3]

Gorgias fue el más admirado maestro de retórica de la antigua sofística, y tanto es así que algunos creen, como Filóstrato, que se le debe atribuir la paternidad del arte oratorio de los sofistas.

Como orador debe considerársele fundador de la oratoria epidíctica. Los discursos que nos han sido conservados son: un Epitafio, un Olímpico, un Pítico, un Elogio de los eleáticos, todos ellos en fragmentos. Nos queda, en cambio, el texto íntegro de los ejercicios sofísticos, el Elogio a Helena y la Apología de Palamedes. En todos ellos, Gorgias hace ostentación de su habilidad dialéctica.

El estudio de la Filosofía de Gorgias se topa con el problema de las fuentes. Del leontino no quedan textos ni fragmentos que "con certeza razonable puedan considerarse literales". Podemos conocer parte del contenido de sus obras a través de otros autores que la han comentado, de entre los que destaca el escéptico Sexto Empírico. Sin embargo, tal vez ni siquiera este haya tenido la oportunidad de leer directamente los tratados de Gorgias.[2]