Griego medieval


El griego medieval (en griego: Μεσαιωνική ελληνική Mesaionikí ellinikí) es un término lingüístico que describe el tercer período en la evolución histórica del idioma griego. Su desarrollo se sitúa convencionalmente entre los años 330 (fundación de Constantinopla) y 1453 (caída de la ciudad en poder del Imperio otomano), aunque lingüísticamente las transformaciones más importantes se produjeron a partir del siglo VIII. Puesto que coincidió con la historia del Imperio romano de oriente, recibe a menudo el nombre de griego bizantino.

En el siglo IV, cuando la capital del Imperio romano fue trasladada a Constantinopla, la lengua oficial del estado era todavía el latín, si bien la lengua, tanto oral como literaria, de toda la parte oriental del Imperio era el griego. El griego era también el idioma de la Iglesia y de la educación. Existió una situación de diglosia entre el griego y el latín durante más de dos siglos, pero los emperadores bizantinos comenzaron muy pronto a favorecer el uso del griego. El latín se mantuvo, sin embargo, en las inscripciones y acuñaciones monetarias hasta el siglo XI.

En los siglos V y VI se produjo una progresiva helenización del Imperio de Oriente, que causó el definitivo desplazamiento del latín por el griego como lengua de la administración imperial. No obstante, los habitantes del Imperio bizantino no dejaron nunca de considerarse romanos (ρωμαίκοι romaikoi), y dieron a su estado el nombre de (anatoliké) Romaiké Autokratoría (Ανατολική Ρωμαϊκή Αυτοκρατορία), subrayando así su condición de continuación del Imperio romano y la legitimidad de sus reivindicaciones territoriales sobre Occidente.

Durante la época medieval, el principal centro cultural del mundo griego no fue Atenas, sino Constantinopla. La capital del Imperio es el centro lingüístico tanto del lenguaje literario aticista como de las formas populares de la lengua oral. En la práctica se dio una situación de diglosia entre la koiné literaria, que presenta rasgos arcaicos, equivalentes a los del aticismo helenístico, y la koiné popular, evolución de la koiné griega. Del mismo modo que los intelectuales de Occidente utilizaron el latín clásico para su obra literaria, los bizantinos tendieron a usar arcaísmos con elementos del aticismo. Pablo Silenciario escribió durante el reinado de Justiniano su Descripción de Santa Sofía (Έκφρασις της Αγίας Σοφίας), utilizando yambos y hexámetros homéricos que fueron caracterizados como «un idioma oscuro y poético». Los historiadores Procopio de Cesarea y Critóbulo imitaron a Tucídides, e incluso Ana Comnena, en el siglo XII, posee un estilo marcadamente aticista.


Usualmente se diferencian al menos tres bloques dialectales del griego medieval: el bizantino propiamente dicho (amarillo), el póntico (naranja) y el capadocio (verde), también habrían existido variedades en Italia, cuya adscripción al tsakonio es más probable.