Historia


La historia[n. 1]​ es la narración de los sucesos del pasado; generalmente los de la humanidad, aunque, también puede no estar centrada en el humano [n. 2]​. Asimismo, es una disciplina académica que estudia dichos acontecimientos. A la ciencia o disciplina académica también se le denomina historiografía para distinguirla de la historia entendida como los hechos objetivos sucedidos. Es una ciencia social debido a su clasificación y método; pero, si no se centra en el humano, puede ser considerada como una ciencia natural, especialmente en un marco de la interdisciplinariedad; de cualquier forma, forma parte de la clasificación de la ciencia que engloba las anteriores dos, es decir, una ciencia fáctica (también llamada factual).

Su propósito es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se desarrollaron en el pasado e interpretarlos ateniéndose a criterios de la mayor objetividad posible; aunque la posibilidad de cumplimiento de tales propósitos y el grado en que sean posibles son en sí mismos objetos de estudio de la historiología o teoría de la historia, como epistemología o conocimiento científico de la historia.[cita requerida]

Se denomina historiador o historiadora a la persona encargada del estudio de la historia. Al historiador profesional se le concibe como el especialista en la disciplina académica de la historia, y al historiador no profesional se le suele denominar cronista.[2]

La palabra historia deriva del griego ἱστορία (léase historia, traducible por «investigación» o «información», conocimiento adquirido por investigación), del verbo ἱστορεῖν («investigar»). De allí pasó al latín historia, que en castellano antiguo evolucionó a estoria (como atestigua el título de la Estoria de España de Alfonso X el Sabio, 1260-1284) y se reintrodujo posteriormente en el castellano como un cultismo en su forma latina original.

La etimología remota procede del protoindoeuropeo *wid-tor- (de la raíz *weid-, «saber, ver» —construcción hipotética—)[3]​ presente también en las palabras latinas idea o visión, en las germánicas wit, wise o wisdom, la sánscrita veda,[4]​ y las eslavas videti o vedati, y en otras lenguas de la familia indoeuropea.[5]

La palabra antigua griega ἱστορία fue usada por Aristóteles en su Περὶ τὰ ζῷα ἱστορίαι (léase Peri ta zoa jistória, latinizado Historia animalium, traducible por Historia de los animales [el título griego es plural y el latino es singular]).[6]​ El término se derivaba de ἵστωρ (léase jístōr, traducible por «hombre sabio», «testigo» o «juez»). Se pueden encontrar usos de ἵστωρ en los himnos homéricos, Heráclito, el juramento de los efebos atenienses y en las inscripciones beocias (en un sentido legal, con un significado similar a «juez» o «testigo»). El rasgo aspirado es problemático, y no se presenta en la palabra cognata griega εἴδομαι («aparecer»). La forma ἱστορεῖν («inquirir»), es una derivación jónica, que se expandió primero en la Grecia clásica y más tarde en la civilización helenística.


Clío, musa de la Historia en la mitología griega, representada sobre el carro de la Historia, contemplando antes de anotar en su libro.
Heródoto, padre de la Historia.
La Historia de Italia de Francesco Guicciardini, 1561
Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, de Antonio de Herrera, edición de 1601
Historia de Nikolaos Gysis (1892)
El escriba sentado (Saqqara III milenio a. C. —IV o V dinastía de Egipto—). Representa a un funcionario en actitud de comenzar a escribir, o sea, a registrar un hecho o una interpretación más o menos interesada de hechos seleccionados —económicos, militares, legislativos, religiosos—; una función de consecuencias trascendentales: sirve tanto para el ejercicio y la justificación del poder en su presente como para la preservación de la memoria histórica hacia la posteridad.
Pinturas rupestres de Cueva de las Manos (Río Pinturas, Argentina, cerca de 9000 años de antigüedad). Representan esquemáticamente a un hombre y a grupos de animales; también se observan otros símbolos, destacadamente las manos que dan el nombre al lugar. Esta forma de arte prehistórico, aunque es un testimonio valiosísimo para la reconstrucción del pasado, no es una fuente histórica en el sentido clásico de la palabra, sino arqueológica.
Stonehenge, un monumento megalítico tipo crómlech construido en Gran Bretaña en el III milenio a. C. por un pueblo en transición del neolítico a la edad de los metales, contemporáneo de las Pirámides de Egipto. Su olvidada función religiosa y astronómica es objeto en la actualidad de revivals espiritualistas.
Espada de bronce (Saint-Germain-en-Laye, Francia, hacia 800 a. C., periodo protohistórico en el que los héroes griegos, que usarían armas semejantes, ya son cantados por Homero).
Los miles de guerreros del ejército de terracota (Xian, {siglo III a. C.) servían para garantizar el eterno mandato de Qin Shi Huang, autoproclamado primer emperador de China, temeroso de los innumerables enemigos cuya venganza esperaba en la vida después de la muerte. Las civilizaciones extremo-orientales se caracterizaron por su continuidad, que no se vio interrumpida por la discontinuidad entre Edad Antigua y Edad Media propia de la civilización occidental. Especialmente la civilización china, el ejemplo más estable de imperio hidráulico, vio la repetición aparentemente perpetua de ciclos dinásticos de auge (interpretado tradicionalmente como premio por respetar el equilibrio del mandato del cielo), descomposición interna (interpretada como consecuencia del desequilibrio al no respetarlo) e invasiones exteriores (interpretadas como castigo y oportunidad de reiniciar el ciclo), que continuó hasta el siglo XX.
El acueducto de Segovia, una construcción utilitaria romana de finales del siglo I, sigue determinando la personalidad de una ciudad contemporánea, junto con otros hitos de su historia como las murallas o la catedral. Otras muestras de la pervivencia de la romanización en la actualidad son la lengua, el derecho, la religión, etc.
Un caballero, un clérigo y un campesino (los tres órdenes feudales) ilustran la miniatura de una letra capitular en un manuscrito medieval.
El David de Miguel Ángel (1504), obra cumbre del Renacimiento italiano, y ejemplo de la confianza en el ser humano propia del antropocentrismo humanista.
Prueba nuclear en el atolón de Bikini, 26 de marzo de 1954, en plena Guerra fría. La era nuclear se inauguró en 1945, cuando los Estados Unidos lanzaron en Hiroshima y Nagasaki las primeras bombas atómicas. La Unión Soviética la siguió en lo que se denominó carrera nuclear o carrera de armamentos (simultánea a la carrera espacial), así como las otras tres potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Reino Unido, Francia y China. Otros países no firmantes del tratado de no proliferación nuclear han desarrollado este armamento: abiertamente India y Pakistán; sin reconocerlo Israel, Sudáfrica —lo desmanteló al caer el régimen de apartheid— y quizá otros.