Historiografía


El término historiografía proviene de «historiógrafo», y este del griego ἱστοριογράφος (historiográphos), siendo una conjunción de ἱστορία —historía (o "historia")— y γράφος (gráphos), de la raíz de γράφειν/gráphein ("escribir"); que significa “el que escribe (o describe) la historia”.[1][2]

La historiografía es el arte de escribirla,[3]​ pero también es la ciencia que se encarga de estudiar la historia.[4]​ El énfasis en su condición de "arte" (τέχνη tékhnē) o "ciencia" (ἐπιστήμη epistḗmē) es uno de los objetos de debate metodológico más importante entre los historiadores, con abundante participación de intelectuales que han reflexionado sobre ello, dada su posición central en la cultura.[5]​ Para una parte de ellos, ni siquiera puede hablarse de "historia" en singular, puesto que la condición de relato de sus productos los convierte en "historias" en plural.[6]​ Para la mayor parte de los historiadores contemporáneos, en cambio, es irrenunciable[7]​ la condición científica de la historia, o al menos la aspiración a tal condición ("ciencia en construcción"[8]​), e incluso está muy extendida la visión que no percibe ambos rasgos (ciencia y arte) como estrictamente incompatibles sino como complementarios.[9]

Las diferentes disciplinas que sirven para el estudio historiográfico se agrupan con el nombre de «ciencias y técnicas historiográficas» (paleografía -que incluiría la epigrafía y papirología-, documentación o ciencias documentales, sigilografía, diplomática, codicología, numismática, etc.).[10]

Si la historia es una ciencia cuyo objeto de estudio es el pasado de la humanidad, cuestión en que la mayoría pero no todos los historiadores concuerdan, se tiene que someter al método científico, que aunque no pueda ser aplicado en todos los extremos de las ciencias experimentales, sí puede hacerlo a un nivel equiparable a las llamadas ciencias sociales.

Un tercer concepto confluyente a la hora de definir la historia como fuente de conocimiento es la «teoría de la historia», que puede llamarse también «historiología» (término acuñado por José Ortega y Gasset).[13]​ Su papel es estudiar «la estructura, leyes y condiciones de la realidad histórica»,[14]​ mientras que la «historiografía» es, a la vez: el relato mismo de la historia, el arte de escribirla, y el estudio científico de sus fuentes, productos y autores.[15]

Es imposible acabar con la polisemia y la superposición de estos tres términos, pero simplificando al máximo se puede definir:


Alegoría de la escritura de la historia de Jacob de Wit (1754). Una verdad casi desnuda mantiene un ojo en el escritor de la historia. Atenea (sabiduría) a la izquierda da consejos.
Enterramiento de la cultura nazca
El punto de vista eurocéntrico: ¿nos perturba un mapa «boca abajo»?
Las Vidas de artistas de Vasari
James Frazer, autor de La rama dorada (1890-1922), un clásico de la antropología que cambió la manera de ver la historia
Clío, la musa de la historia, por Pierre Mignard (1689)
Estoria de España de Alfonso X, XIII
Trabajo inca. Ilustración de la Nueva Corónica y Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, 1616
El padre Flórez, iniciador de La España Sagrada
Michelet, el historiador de la Revolución francesa
Menéndez y Pelayo, con su visión tradicionalista de la aportación española a la cultura, es el más destacado ejemplo de la historiografía erudita en España.
Marc Bloch.
Tumba de Fernand Braudel.
Peter Burke
Logo oficial del bicentenario
Archivo de la Guerra Civil en Salamanca