Iglesia particular


Una Iglesia particular (en latín, ecclesia particularis), en la eclesiología de la Iglesia católica introducida por el Concilio Vaticano II, es una comunidad de fieles católicos confiada al cuidado pastoral de un obispo —o de un presbítero reconocido como su equivalente— ayudado por un presbiterio, de modo que unida a su pastor por el Espíritu Santo a través del Evangelio y la eucaristía, en ella está presente y operante la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica.[1]

Antes del Concilio Vaticano II, las diócesis eran concebidas como un territorio, al frente del cual se designaba un obispo como pastor propio de los fieles que se hallaban en ese territorio. El concilio cambió este concepto al introducir el de Iglesia particular, cuya importancia teológica fue destacada por el decreto conciliar Christus Dominus.[2]​ De esta forma, el acento definitorio pasó del territorial a los fieles católicos, mencionados con la expresión Pueblo de Dios.

De acuerdo a la definición católica, en la Iglesia particular la Iglesia universal se hace presente con todos sus elementos esenciales. Por lo tanto, están constituidas a imagen de la Iglesia universal, y cada una de ellas es una parte del Pueblo de Dios confiada al cuidado pastoral del obispo asistido por su presbiterio. La Iglesia universal, sin embargo, no es la suma de todas las Iglesias particulares. La relación de las Iglesias particulares con la Iglesia universal es de comunión bajo el primado del papa.

A pesar de que el concepto de Iglesia particular no es jurídico, tiene un uso canónico ya que fue recogido por la reforma del Código de Derecho Canónico promulgado por el papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983 y por el Código de los cánones de las Iglesias orientales que el mismo papa promulgó el 18 de octubre de 1990. De esta forma, hay canónicamente dos clases de Iglesias particulares: las Iglesias particulares autónomas o sui iuris y las Iglesias particulares locales.

No toda asociación de fieles encabezada por un obispo o por un presbítero es una Iglesia particular. Deben cumplirse todas las condiciones de la definición, en particular la función del obispo o presbítero como pastor a cuyo cuidado están los fieles. El concepto eclesiológico de Iglesia particular se complementa con el concepto jurídico de circunscripción eclesiástica, que designa toda comunidad autónoma de fieles con cura pastoral propia.[3]​ De esta forma, toda Iglesia particular está organizada dentro de una circunscripción eclesiástica, pero no toda circunscripción eclesiástica se constituye en Iglesia particular. La definición de circunscripción eclesiástica es entonces aplicable a todas las comunidades en las que se organiza pastoralmente el Pueblo de Dios, con independencia de la mayor o menor propiedad con que pudiera subsumirse cada una de ellas en el concepto de Iglesia particular.[4]