Investigador


Un investigador (del latín investigātor, a su vez derivado de vestīgium: «huella» o «resto») es alguien que lleva a cabo, es decir, que lleva adelante un proyecto orientado a la búsqueda de conocimiento y al esclarecimiento de hechos y de relaciones. Los investigadores pueden trabajar en el ámbito académico-docente, industrial, o gubernamental, o también en instituciones privadas (con o sin fines de lucro), y en lo básico se dedican de lleno a la investigación científica.

Es difícil identificar o delimitar con claridad la profesión de investigador o su perfil, ya que las áreas de investigación son diversas e implican diferencias significativas en la práctica de la actividad. En un principio, la investigación no se consideraba una verdadera profesión u ocupación, sino que era un simple calificativo o mero adjetivo.

El Manual Frascati publicado por la OCDE, proporciona una definición del investigador o investigadora, que refleja la diversidad de situaciones: « Especialista involucrado en la concepción o creación de nuevos conocimientos, productos, procesos, métodos, y sistemas, y/o encargado de la gestión de los proyectos en cuestión ».[1]

Por extensión, el concepto también abarca la investigación policial, o sea, el esclarecimiento de hechos, de circunstancias, de motivos, y el establecimiento de responsabilidades; y en este caso, la persona que lleva adelante la investigación suele llamarse detective o investigador privado.

La aparición del oficio específico de investigador, se inscribe en el marco de la especialización de tareas en el seno de la sociedad. Primitivamente, los inventos y los conocimientos principalmente fueron el resultado de experimentos por ensayo y error, a nivel cotidiano y a lo largo y ancho del mundo.

Con Francis Bacon en el siglo XVII, Occidente comienza a tomar conciencia del interés económico y político de la investigación organizada y sistematizada.


El investigador Santiago Ramón y Cajal en su laboratorio de Valencia
Marie Curie, investigadora del siglo XX