Jacinto


En la mitología griega, Jacinto o Hiacinto (en griego antiguo Ὑάκινθος' o Hyákinthos, latinizado como Hyacinthus, y en griego moderno Yákinzos) fue un joven héroe amante del dios Apolo. De su nombre proviene el de la planta homónima (Hyacinthus).

Según Pseudo-Apolodoro, Jacinto era hijo de Clío, musa de la Historia, y de Píero, rey de Macedonia (padre de las nueve Piérides o Emátides, que en ese caso serían hermanas de Jacinto). Sin embargo, el mismo Pseudo-Apolodoro afirma también que Jacinto y su hermano Cinortas eran hijos del rey de Esparta Amiclas (hijo de Lacedemón) y de Diomede (hija de Lápites). Pausanias apoyó esta versión, pero Ovidio, aunque habla de Jacinto como el "Amiclida" (hijo de Amiclas), también se refiere a él como "Ebálida" (hijo de Ébalo, otro rey de Esparta). El escritor hispano-latino Higinio, en sus Fábulas, también lo hace hijo de Ébalo.[1]

Jacinto era un hermoso príncipe espartano que despertó la pasión amorosa del aeda Tamiris, el primer hombre que cortejó a otro hombre. El dios Apolo, que también amaba a Jacinto, oyó jactarse a Tamiris de que podría superar en el canto a las mismas Musas. Apolo les informó de ello, por lo que las Musas, en castigo por tal osadía, privaron a Tamiris de la voz, la vista y la memoria para tañer la lira.

Sin embargo, Céfiro, dios del viento del oeste o, en otra tradición, Bóreas, el dios del viento del norte, también estaba enamorado de Jacinto, y un día en que Apolo enseñaba al muchacho a lanzar el disco, el viento, cegado por los celos, se apoderó del disco y lo lanzó contra el cráneo del príncipe, pero antes de que este muriera, Apolo impidió que Hades reclamara el alma de su amado, y de la sangre derramada hizo brotar una flor, el jacinto. Según la versión de Ovidio, las lágrimas de Apolo cayeron sobre los pétalos de la flor, dejando una huella que se interpretó como las primitivas letras griegas AI («¡Ay!», como símbolo del lamento del dios Apolo).[2]

Según la obra del geógrafo Pausanias, en una versión espartana local del mito, Jacinto y su hermana Poliboea fueron llevados al cielo por Afrodita, Atenea y Artemisa.[3]​ Sin embargo, a pesar del relato mitológico, la flor de Jacinto ha sido identificada con otras plantas además del verdadero jacinto, como ocurre con la iris.

El culto a Jacinto se ejerció en la ciudad Amiclas, donde se encontraba su tumba, a los pies de una antigua estatua del dios Apolo que se remontaba al período micénico. También fue adorado en la ciudad de Tarento, que en la antigüedad fue una colonia griega en la península itálica.[4]


La muerte de Jacinto, obra de Antoine Étex (1833, Museo de Bellas Artes de Angers)
La Mort de Hyacinthe, óleo sobre lienzo de Jean Broc (1801, Museo Sainte-Croix, Poitiers)
Hyacinthus. Según la leyenda más difundida, Jacinto se convirtió, al morir, en la flor que lleva su nombre.
Apolo, Jacinto y Cipariso, por Aleksandr Andréyevich Ivánov (1834).
Céfiro y Jacinto, en un vaso ático. Museo de Arte de Boston.