Latinismo


Un latinismo es una palabra o expresión latina que se usa en otra lengua, sobre todo en contextos científicos, cultos o elevados.

La presencia de latinismos en los medios académicos o en el habla culta, se explica porque desde el apogeo del Imperio romano circa el siglo I d. C., cuando tal imperio abarcaba todos los países de la cuenca del Mar Mediterráneo (al cual los romanos llamaban Mare Nostrvm, ‘mar nuestro’), el latín junto con el griego[nota 1]​ resultó una lengua vehicular que forzosamente debió ser mantenida en ámbitos cultos para comunicarse entre países cuyas lenguas vernáculas eran muy disímiles. Es de tener en cuenta que gran parte de las palabras con etimología latina en el español castellano proceden de los dialectos del latín vulgar -en gran medida los latinismos pasaron por el latín eclesial que fue considerada la forma más "pura" del latín durante toda la Edad Media, la Edad Moderna e inicios de la Edad Contemporánea: por ejemplo de respvblica (res = cosa + pública) la palabra república; de clientis se formó la palabra cliente y su derivada clientela y de tribvs la palabra tribu, en cambio los verdaderos latinismos suelen tener por prosapia al latín clásico o al menos el latín como lengua restituta (el latín como lengua con sus palabras restituidas).
Por lo general los latinismos puros son aceptables en su forma original aunque los puristas de la RAE tienden a sugerir el uso de los latinismos ligeramente castellanizados por trascripción y transliteración fonética (ejemplo: cuórum en lugar de qvorvm), en este tipo de caso se observa que el acento agudo señala el énfasis fónico que ha de darse a la palabra, es decir: el acento agudo de las transcripciones al idioma español castellano casi siempre corresponden a los diacríticos llamados macrones en la escritura fonética clásica del latín (tener en cuenta que macrón en cuanto a palabra es un préstamo procedente del griego y cuyo significado es el de mayor, o sea, el sonido más acentuado o extendido).

No debe confundirse el latinismo con el cultismo. Este último es el vocablo que penetró por vía culta a la lengua sin pasar por la evolución fonética habitual de las palabras patrimoniales. Por ejemplo, las palabras espíritu y familia son cultismos, pero no son latinismos.

Es muy común que la fonética de los latinismos no sea exactamente la del latín clásico ni siquiera la del llamado latín eclesial si no que se acomode a los fonemas más frecuentes de la lengua usual: por ejemplo entre los hispanohablantes la "c" que en latín clásico suele tener un valor de /k/, incluso antes de u e i (por ejemplo: civitas -ciudad- en latín clásico se pronunica kíuitas), es directamente pronunciada como c española (en Latinomérica como s sibilante), y mientras que la u siempre es sonora como tal en latín clásico no siempre es así entre los hispanohablantes. Por ejemplo, la palabra usque tiene una pronunciación /úskue/ en latín clásico pero es frecuente que los hispanohablantes la pronuncien /úske/.