Maza


La maza al principio era una simple vara o garrote con un extremo más corto en el que se engastaba la roca que constituía la parte pesada y contundente. Con el paso de los siglos evolucionó a las típicas armas totalmente metálicas, cuya cabeza de armas disponía de trinchadoras "cuchillas" o "aletas", repartidas geométricamente, a la que se denominó maza de armas por su finalidad militar. Esta cabeza de armas solía estar hecha de materiales más pesados o baratos, como el bronce, plomo o hierro, reforzándose luego con cuchillas aceradas y dando al conjunto formas hexagonales, octogonales, etc.

La maza es una de las armas más duras y primitivas que acompañó al hombre desde la primera utilización de herramientas, ya sea en forma de garrotes o de mazas primitivas. También han existido mazas ceremoniales que se muestran como símbolos de poder. También en la actualidad pueden verse exhibidas en actos académicos o parlamentarios y en rituales cívicos o procesiones.

El uso de la maza como arma de guerra se remonta a la época prehistórica. Fue utilizada por las civilizaciones antiguas desde la prehistoria hasta bien entrada la Edad del Bronce, aunque cayó en desuso por la evolución de las armas defensivas. Al ser un arma muy simple, solo las "cabezas" de piedra de estas épocas —que estaban muy bien pulidas— han perdurado, pues dada la proximidad entre las hachas paleolíticas y el concepto de maza —ambas utilizaban piedras afiladas o talladas— eran muy parejos, la mayoría de los restos caen en la categoría de hachas. Dentro de esta época se puede destacar el gran trabajo de pulido del Antiguo Egipto de rocas muy duras con forma "esférica" o de "pera". De esta época son las "cabezas de mazas ceremoniales" de Horus Escorpión, gobernante predinástico, y de Narmer, el primer faraón del Antiguo Egipto.

En América, los guerreros mochicas usaban porras de punta cónica y mango largo. Estas eran hechas de madera y forradas con cobre. En el caso de los altos jerarcas moches, eran forradas con tumbaga. Durante el Imperio incaico, se estandarizó el uso de mazas cuyas cabezas pesaban un aproximado de 1 kilogramo. Así, se reducía intencionalmente la letalidad de las mismas para maximizar la proporción de heridos cuyas gráficas lesiones constituían un vivo testimonio de las represalias incas. Con eso se pretendía infundir un efecto psicológico para disuadir cualquier posible desafío al Incanato.

En las culturas "clásicas" (Grecia y Roma) el uso de mazas parece estar en un segundo plano. Dado que las técnicas de guerra de las infanterías de ambas culturas se acercaban más al de las falanges griegas, las armas enastadas fueron las primarias. Solo a partir de la disgregación del Imperio romano, se tiene constancia de que su uso vuelve en forma de mazas de caballería, al menos en Bizancio. El resto de los pueblos denominados "bárbaros" siguieron empleando mazas, aunque algunas ya pasaron a ser largas e incluso a dos manos.


Varias mazas
Cabezas de porra del Formativo andino, hechas en piedra