Imperio persa


El Imperio persa (en persa, شاهنشاهی ایران‎, transliteración: Šâhanšâhiye Irân, literalmente: Irán imperial) se refiere a cualquiera de una serie de dinastías imperiales que se centraron en la región de Persia (Irán) desde el siglo VI a. C., durante el reinado de Ciro el Grande del Imperio aqueménida, hasta el siglo XX con la dinastía Pahlavi. En 1979, después de la revolución iraní, la monarquía iraní fue reemplazada por la República Islámica.

La primera dinastía del Imperio persa fue creada por los aqueménidas, establecida por Ciro II el Grande en el año 550 a. C. con la conquista de los imperios medo, lidio y babilónico.[1]​ Cubrió gran parte del mundo antiguo hasta que fue conquistado por los macedonios, liderados por Alejandro Magno. Persépolis es el sitio histórico más famoso relacionado con el Imperio persa en la era aqueménida y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.[2]

Entre los años 247 a. C. y 224 d. C., Persia fue gobernada por el Imperio parto, que suplantó al Imperio seléucida helenístico. Los partos, originarios del norte iranio, fueron derrocados por una revuelta persa que llevó al establecimiento del Imperio sasánida, que gobernó hasta mediados del siglo VII.[3]​ Su influencia cultural se extendió mucho más allá de los territorios fronterizos de ambos imperios, llegando hasta la Europa occidental,[4]África,[5]China e India,[6]​ y jugó un papel fundamental en la formación del arte medieval europeo y asiático.[7]

El Imperio persa en la era sasánida fue interrumpido por la conquista musulmana de Persia en el 651, estableciendo el califato islámico en la región, y más tarde por la invasión mongola. La religión principal de la antigua Persia era el zoroastrismo, pero después del siglo VII fue reemplazado lentamente por el islam, que alcanzó la mayoría en el siglo X.

A medida que los persas iban incorporando a su imperio nuevas zonas, mostraban políticas muy tolerantes. Los gobiernos contaban con miembros de las élites locales, los impuestos generalmente eran menores, los persas tenían una gran tolerancia religiosa, e incluso liberaron a muchos pueblos sometidos, como por ejemplo los hebreos que se hallaban deportados en Babilonia. En muchas zonas donde antes estaban en anarquía, los persas también fueron bienvenidos como los restauradores de las leyes. Las zonas que se caracterizaron por el apoyo a los persas fueron sobre todo Palestina, ya que los hebreos estaban felices de contar con un gobierno que respetara y apoyara su religión, y también la zona de Siria, especialmente las ciudades fenicias, que además de ser respetadas por los persas, estos les proporcionaron nuevos mercados por tierra y apoyaron su desarrollo naval. También las zonas de Asia Central se mostraron adictas al gobierno persa ya que cuando el imperio se desmoronó esas zonas continuaron la resistencia contra Alejandro Magno por varios años.


Tumba de Ciro el Grande, fundador del Imperio aqueménida (el primer Imperio persa) en el siglo VI a. C.
Taq-i Kisra (Iwán de Cosroes I), símbolo del Imperio sasánida, siglo III d. C.