Persona


El concepto de persona (del latín persōna, ‘máscara del actor’, ‘personaje teatral’, este del etrusco φersu [phersu], y este del griego πρóσωπον [prósôpon])[1]​ es principalmente filosófico, aunque también en sociología y psicología se expresa como la singularidad de cada individuo de la especie humana,[2][3][4]​ en contraposición al concepto filosófico de «naturaleza humana» que aborda lo supuestamente común que hay en ellos. Sin embargo, en Ética y en Derecho no solo existen personas de la especie humana.[5]

El significado actual de persona tiene su origen en las controversias cristológicas de los siglos IV y V. En el transcurso del debate entre las diferentes escuelas teológicas, se desarrollaron conceptos hasta entonces no conocidos. Se trataba de disponer de herramientas de pensamiento filosófico, sobre las que mantener un debate intelectual honesto y riguroso acerca de los dogmas referidos al Λóγος (Logos: «Palabra»), y que permitiesen esclarecer sus diferencias o similitudes con Dios Padre. Para ello, la filosofía tomó prestado del teatro griego el término πρόσωπον [prósôpon], y lo convirtió en un término filosófico, definiendo al Λóγος (Logos) como Persona divina. Por afinidad, el concepto fue posteriormente aplicado al Espíritu Santo, a los ángeles y a los hombres.

Aunque el concepto más común de «persona» es el de ‘ser dotado de razón, consciente de sí mismo y poseedor de una identidad propia’, su significado puede tratarse desde diferentes perspectivas.

Rationalis naturae individua substantia («substancia individual de naturaleza racional») es la definición clásica de Boecio que se caracteriza por tres notas: la sustancialidad, la individualidad y la racionalidad. En este sentido persona no es un nombre genérico ya que indica un «quién» y no un «qué»; tampoco designa una naturaleza común sino incomunicabilidad. Por su parte Tomás de Aquino se refiere a la persona con la sentencia persona significat id quod est perfectissimum in tota natura, scilicet subsistens in rationali natura («persona significa lo más perfecto de toda la naturaleza, es decir, el subsistente de naturaleza racional»)[6]​ insistiendo así en la incomunicabilidad en el modo de existir. Para Tomás de Aquino la distinción entre persona y naturaleza es la del todo y la parte, pues la naturaleza lo es de la persona, que es la que realmente subsiste. Ser persona es ser abierto a la trascendencia, a un más allá del mundo, es decir a Dios. Del estudio de la noción de persona surge la Antropología filosófica.