Philipp Lenard


Philipp Eduard Anton von Lenard (en húngaro: Lénárd Fülöp; Presburgo, Imperio Austríaco, 7 de junio de 1862-Messelhausen, Alemania Occidental, 20 de mayo de 1947)[1]​ fue un físico eslovaco nacionalizado alemán, ganador del premio Nobel de Física en 1905 por sus investigaciones sobre los rayos catódicos y el descubrimiento de muchas de sus propiedades. Miembro honorable de la Academia de Ciencias de Hungría.[2]

Estudió física en Budapest, Viena, Berlín y Heidelberg bajo la dirección de von Helmholtz, Königsberger y Quincke. Obtuvo su doctorado en 1886 en la Universidad de Heidelberg.

Desde 1892 trabajó como ayudante de Hertz en la Universidad de Bonn y a partir de 1894 como profesor extraordinario (asociado) en la de Breslau. En 1895 fue nombrado profesor de física en Aquisgrán, y más tarde (1896-1898) profesor de física teórica en Heidelberg. En 1898-1907 fue profesor ordinario (numerario) en la Universidad de Kiel. Finalmente volvió a la universidad de Heidelberg en 1907. En 1909 fue nombrado director del Instituto Radiológico Universitario de dicha universidad.

Trabajó inicialmente en mecánica, publicando los Principios de Mecánica, junto con Hertz, en 1894. Posteriormente se interesó en la fosforescencia y la luminiscencia. También realizó estudios del magnetismo y publicó artículos sobre la oscilación de las gotas de agua precipitadas.

En 1888, cuando trabajaba en Heidelberg junto con Quincke, realizó sus primeros trabajos con los rayos catódicos, tratando de descubrir si era cierto que, como suponía Hertz, eran análogos a la luz ultravioleta y podrían, al igual que estos, pasar a través de una ventana de cuarzo en la pared de un tubo de descarga. Descubrió que no ocurría así, pero más adelante, en 1892, cuando trabajaba como ayudante de Hertz en Bonn, descubrió que era posible separar, por medio de una placa fina de aluminio, dos espacios, uno en el que los rayos catódicos se producían y otro en el que se podían observar.[3]​ Es lo que se conoce como “ventana de Lenard”, consistente en sustituir la placa de cuarzo que hasta entonces se utilizaba para cerrar el tubo de descarga por una fina placa de aluminio capaz de mantener el vacío dentro del tubo y permitir que los rayos catódicos pasasen hacia fuera. De esta forma era posible estudiar los rayos catódicos y también la fluorescencia que causaban fuera del tubo de descarga. Aunque Lenard, siguiendo las ideas de Hertz, suponía inicialmente que los rayos catódicos se propagaban en el éter, abandonó luego este punto de vista como resultado de los trabajos de Jean Perrin, J.J. Thomson y Wilhelm Wien, quienes demostraron la naturaleza corpuscular de los rayos catódicos.