Piérides


En la mitología griega, las Piérides (Πιερίδες) eran las hijas de Píero, rey de Macedonia y de Evipe, una de las danaides. Eran nueve jóvenes doncellas que se creían dotadas con un excepcional talento para la música, el canto y la poesía.

Estaban tan orgullosas de su virtud que decidieron atravesar la Tesalia y parte de Grecia hasta llegar al monte Helicón para retar a Las Musas y disputarles la supremacía en el canto. «Si sois vencidas —dijeron las Piérides— nos cederéis el Parnaso y las floridas riberas del Hipocrene; si obtenéis la victoria os daremos los valles de Macedonia y buscaremos un asilo en los montes nevados de la Tracia.» Las Musas aceptaron el reto.

Las Piérides comenzaron su canto celebrando con versos largos y monótonos el combate de Zeus y los Gigantes; prodigando así, desmesuradas alabanzas a la bravura de los hijos de la Tierra. Su canto les brotaba sin vida, sin color ni concordancia. La Musa Calíope fue la que se encargó de responderles y tejió en el acto un himno al poder infinito de los dioses y al Señor del universo, que con un soplo da vida a la creación y con una mirada reduce a todos los seres a la nada. Después, cantó la historia de Deméter y su eterno vagar por el mundo, su solicitud maternal, su temor, su esperanza y los numerosos beneficios por ella prodigados, que le hicieron digna de tantos templos levantados en su honor.

Apenas hubo acabado el canto, las ninfas del Parnaso, actuando como jueces, otorgaron la victoria a las Musas. Las hijas de Piero prorrumpieron entonces en fuertes protestas agrediendo a su rivales; pero al momento sus cuerpos se cubrieron de plumas negras y blancas y quedaron convertidas en urracas, yendo a posarse luego en las ramas de los árboles cercanos. Bajo esta nueva forma, seguían conservando el mismo temperamento de ser charlatanas e inoportunas.[1]

El poeta Nicandro nos ofrece los nombres de estas doncellas: Colímbade, Iinge, Céncride, Cisa, Claoris, Acalántide, Nesa, Pipo y Dracóntide.[2]Pausanias, sin embargo, dice que existía una tradición que decía que las Piérides tenían el mismo nombre que las Musas hasta el punto de que los hijos atribuidos a estas últimas serían, en realidad, hijos de las Piérides.[3]

Los atenienses, muy aficionados a la poesía, levantaron en honor a las Musas suntuosos altares; en Roma, se les consagraron tres templos y en uno de ellos las Musas eran invocadas bajo el nombre de Camenas o Cantoras porque celebraban en sus himnos las hazañas de los dioses y los héroes. Más adelante, los poetas, especialmente los latinos, llaman a las Musas Piérides, bien sea por el hecho de haber nacido en el Monte Piero o por su victoria sobre las hijas de Píero.