Pintor de cámara


Pintor de cámara o pintor de la corte son expresiones utilizadas para designar al pintor designado para realizar de forma habitual los encargos artísticos de una corte real o corte noble, especialmente los retratos, vehículo fundamental de la identificación de cualquier personaje en su búsqueda de la fama; aunque también los de cualquier otro género, igualmente válidos para todo tipo de funciones (estéticas, sociales e ideológicas), como la pintura religiosa, la pintura de historia o los géneros más puramente decorativos, como los cartones para tapices o el bodegón. En todo caso, el género específico que constituye su principal función es el que recibe las denominaciones de retrato de estado o retrato regio (en el que el retratado es el gobernante); o también el más genérico en cuanto a las personas retratadas de retrato cortesano o retrato de corte. Cada uno de ellos presenta sus propias convenciones, iconografía y recursos expresivos, puestos al servicio del decorum que define los límites de lo apropiado a la hora de representar determinadas dignidades.[1]

Al servicio de las cortes reales, de príncipes y nobles laicos y eclesiásticos, a menudo con un estatus privilegiado y con un rango protocolario equivalente al de chambelán, los pintores de cámara a veces contaban con un sueldo fijo en vez de un pago por obra encargada, dando al cargo un carácter exclusivo que implicaba que el artista quedaba vinculado a su patrocinador de forma que no debía emprender otras actividades, al menos sin su autorización. Ya en algunas cortes bajomedivales hubo pintores, como Jan van Eyck o Jean Perréal, con cargo de camarero o ayuda de cámara (es decir, el cargo cortesano que permitía el acceso a la cámara regia)[2]​ con un sueldo y un título formal, o a los que se asignaba una pensión vitalicia, o pagos de otra índole, e incluso se les encargaban misiones políticas y diplomáticas. En el lento proceso de superación de la condición social artesanal y plebeya propia de los pintores durante la Edad Media, los pintores de corte de la Europa del Antiguo Régimen pasaron a ser miembros de la corte, prestigiados por la confianza con la que les distinguían los reyes. Tal nombramiento les significaba la ventaja de liberarlos de las restricciones inherentes a los gremios de pintores locales. Su condición de artistas en ocasiones se seguía viendo como una incompatibilidad con la condición de privilegiados por equivaler a una función social propia de trabajadores manuales; aunque el prestigio individual alcanzado a partir del Renacimiento por genios universalmente valorados como Miguel Ángel, Rafael Sanzio (el divino) o Leonardo da Vinci hizo que no sólo fueran los artistas los que buscaran prestigiarse trabajando para una gran corte, sino las cortes las que buscaran prestigiarse acogiendo a grandes artistas, como Van Dyck, Rubens o Velázquez, ya en el Barroco.[3]


Las Meninas, 1656. Velázquez desarrolla su trabajo en una estancia de Palacio, rodeado de la familia de Felipe IV en un ambiente de gran confianza.
Sir Endymion Porter y Anton van Dyck, 1635. Significativamente, un alto personaje de la corte inglesa consigue inmortalizarse al aparecer en este retrato cortesano junto con el pintor de la corte.
Carlos V en Mühlberg, 1548. Tiziano realiza un retrato ecuestre de gran dinamismo en el que el emperador queda representado como un miles Christi (soldado de Cristo), reflejando minuciosamente todos los detalles de la armadura realmente utilizada en aquella ocasión.
Los Duques de Urbino, Battista Sforza y Federico de Montefeltro, por Piero della Francesca.
Canaletto (1697-1768), Veduta del Palacio Ducal de Venecia.
Victoria naval de Alfonso V de Aragón sobre Juan de Anjou, Tabla Strozzi, atribuida a Francesco Pagano,[9]​ 1470.
Segismundo Malatesta ante San Segismundo, por Piero della Francesca. Por la ventana circular se representa el Castillo de la familia Malatesta en Rímini.
La corte de los duques de Mantua representada en la Cámara de los esposos Andrea Mantegna (1431–1506).
Pala sforzesca (hacia 1486), en la que aparecen como orantes los duques de Milán y sus hijos, ante los padres de la Iglesia y la Virgen con el Niño.
Pala Bentivoglio (1488), una Madonna bajo la que se representa a los miembros de la familia Bentivoglio en 1488, por Lorenzo Costa (1460-1535). Con el mismo nombre de Pala Bentivoglio se conoce también una sacra conversazione de Francesco Francia, diez años posterior (1498) en la que se representa a Anton Galeazzo y Alessandro Bentivoglio y al poeta Girolamo Casio.
Flagelación de Cristo, de Piero della Francesca, obra de debatida interpretación, que se ha intentado relacionar con distintos episodios históricos relativos a la familia Montefeltro. Los personajes en primer plano serían Oddantonio, conde de Urbino, su hermano Federico y el hijo de este, Guidobaldo.[15]​ Federico, duque de Urbino y patrón de della Francesca aparece en varias otras obras de este pintor, destacadamente en la Pala de Brera.
Lorenzo de Médicis, "el Magnífico", representado entre los personajes de la Cabalgata de los Reyes Magos de Benozzo Gozzoli (1420–1497). El encargo, que incluía la representación de otros miembros de la familia Médici, se hizo por Cosme el Viejo con motivo de la celebración en Florencia de un Concilio.
San Marcial devuelve el báculo a San Pedro. Fresco del Palacio de los Papas de Aviñón.
Coronación de Carlomagno, uno de los frescos de las Estancias de Rafael en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano.
La familia de Carlos IV, por Goya, 1801. Con explícitas referencias a Las Meninas, este cuadro representa a la última generación de reyes del Antiguo Régimen, y al contrario de otros formatos anteriores (La familia de Felipe V de Van Loo),[22]​ lo hace de una manera sobria. Se ha especulado sobre la intención del pintor de reflejar cualidades morales negativas en sus retratados, aunque los testimonios contemporáneos sólo indican su pretensión de servir a sus señores del mejor modo posible.[23]
Virgen del Canciller Rolin, por Jan van Eyck (1390-1441), pintor de la corte borgoñona de Felipe el Bueno, trasladada de Dijon a Flandes.[30]
El archiduque Leopoldo en su gabinete de Bruselas, por David Teniers el Joven, 1651.
El Marqués de Pombal, por Louis-Michel van Loo.
Luis XIV, por Hyacinthe Rigaud, 1701. El rey sol se exhibe arropado por la pompa regia con sus símbolos e iconografía: corona, cetro, espada, manto de armiño, dosel, flores de lis, etc.
Carlos I de Inglaterra, por Anton Van Dyck, 1635. La pose del rey, con un perfecto decorum, la reverencia del caballo y hasta la misma inclinación de las ramas del árbol, que sirven de palio, otorgan a esta obra de una gran fuerza legitimadora del absolutismo monárquico.
Carro triunfal del emperador Maximiliano I, grabado de Alberto Durero.
En la Hofkirche ("Iglesia de la Corte") de Innsbruck, Gilg Sesselschreiber (1496-1520), pintor y escultor de corte, y el humanista Konrad Peutinger, iniciaron (1502) el impresionante programa escultórico para el mausoleo de Maximiliano I de Habsburgo, que ocupa una posición central (realmente, un cenotafio), y la galería de estatuas de bronce de sus antepasados, que flanquean la nave mayor.[44]​ Posteriormente trabajaron los hermanos Abel y Alexander Colyn (1527-1612).[45]​ Los muros laterales y el altar mayor se reservaron para obras pictóricas.
La familia Bernadotte, por Fredric Westin (1782-1862).[49]
Nacimiento de un príncipe, por Bishandas, pintor de la corte de Jahangir (imperio mogol).
Paisaje, por Wu Bin o Wu Pin, pintor de la corte de la Dinastía Ming, 1610.
El festival Qingming junto al río, por Zhang Zeduan (1085-1145), pintor de la corte de la Dinastía Song septentrional.