Pintura al óleo


El óleo, palabra proveniente del latín oleum («aceite»),[1]​ es una técnica de pintura. Consiste en mezclar los pigmentos con un aglutinante a base de aceites, normalmente de origen vegetal. Por extensión, se denomina óleo a la obra pictórica ejecutada mediante esta técnica, que admite soportes de muy variada naturaleza: metal, madera, piedra, marfil, aunque lo más habitual es que sea aplicado sobre lienzo o tabla.

El óleo permanece húmedo mucho tiempo, lo que favorece la mezcla de colores. Su secado puede comprometerse dependiendo de los aditamentos que se le pongan durante el proceso, como el secativo de cobalto, que puede craquelar el óleo al secarse. [2]

El uso del óleo se conoce desde la antigüedad, las pinturas más antiguas que se han hallado con esta técnica se encuentran en murales en las cuevas de Bamiyán, en Afganistán, y datan de mediados del siglo VII, aunque por lo madura que parece, probablemente la técnica ya era conocida en Asia tiempo atrás. En la Edad Media el uso del óleo estaba ya extendido entre los artistas, aunque de modo minoritario, ya que en esa época predominaba la pintura al temple o al fresco. A fines del siglo XIV y durante el siglo XV, se comenzó a generalizar el uso del óleo en detrimento de otras técnicas, ya que permitía un secado más lento de la pintura, correcciones en la ejecución de la excelente estabilidad y conservación del color. Fueron los pintores de Flandes los primeros en usar el óleo de forma habitual, y se atribuye su invención al pintor Jan van Eyck sin ser esto totalmente cierto.[3]

El aceite que más se empleaba era el de linaza, pero no era el único y cada artista tenía su propia fórmula que se solía guardar en secreto. Normalmente se emplea la esencia de trementina como disolvente, para conseguir una pincelada más fluida o más empastada, según el caso. Muchos siguieron los consejos y experiencias escritos en el Tratado del monje Teófilo que ya se conoce y se menciona en el año 1100. Cennino Cennini, en su Libro del arte, también menciona y describe la técnica.[4]

La preparación del soporte para recibir la pintura varía según la naturaleza del mismo. Normalmente se suelen aplicar una serie de capas de cola animal y yeso, que consiguen que la superficie quede lisa y uniforme; esto se denomina imprimación. Si bien en un primer momento la mayoría de los óleos eran sobre soporte de madera, a partir del siglo XVII con el arte Barroco los pintores eligieron como soporte favorito de sus pinturas el lienzo, siendo este más práctico para la elaboración de grandes composiciones por su posibilidad de enrollarse, además de sufrir menos las variaciones térmicas y el ataque de insectos xilófagos.


Florero con cuadriga vista de frente, por Tomás Yepes. Óleo sobre lienzo, 1643. Museo del Prado.
Una paleta de madera tradicional, utiliza para mantener y mezclar pequeñas cantidades de pintura mientras se trabaja.
Lienzo estriado.
Pigmento azul ultramar sintético (PB 29).
Linaza (semillas de lino).