Prisma (óptica)


En óptica, un prisma es un objeto capaz de refractar, reflejar y descomponer la luz en los colores del arcoíris. Generalmente, estos objetos tienen la forma de un prisma triangular, de ahí su nombre. En geometría, un prisma es un poliedro limitado por dos polígonos iguales y paralelos llamados bases, y varios paralelogramos llamados caras laterales.

De acuerdo con la ley de Snell, cuando la luz pasa del aire al vidrio del prisma disminuye su velocidad, desviando su trayectoria y formando un ángulo con respecto a la interfase. Como consecuencia, se refleja y/o se difracta la luz. El ángulo de incidencia del haz de luz, y los índices de refracción del prisma y el aire determinan la cantidad de luz que será reflejada, la cantidad que será refractada o si sucederá exclusivamente alguna de las dos cosas.

El uso de la refracción de la luz mediante el uso de prismas (geometría) se está haciendo cada vez más popular en la fotografía creativa, tanto que ha surgido el término prisming como moda fotográfica. De esta forma, se crean rayos de luz de los diferentes colores del arcoíris o reflejos de tonos blancos, azulados o anaranjados dependiendo de la temperatura de color ambiente en función de la luz utilizada o de la hora solar. Esta serie de reflejos crean un clima luminoso.

Su principal uso se sitúa en la fotografía de retrato y fotografía artística, sobre todo en eventos especiales como bodas. Uno de los principales fotógrafos experto en esta técnica fotográfica es Sam Hurd, fotógrafo americano que ha retratado a famosos como Morgan Freeman, George Clooney o Donald Trump.[1]


Descomposición de la luz al atravesar un prisma.
Dispersión en prisma.
Animación esquemática de un haz continuo de luz dispersado por un prisma. El haz blanco representa muchas longitudes de onda de luz visible, de las cuales se muestran 7, al atravesar un vacío a la misma velocidad c. El prisma hace que la luz se ralentice, curvando su camino por el proceso de refracción. Este efecto es más pronunciado en las longitudes de onda más cortas (como el extremo violeta) que en las longitudes de onda más largas (como el extremo rojo), dispersando así los componentes. Al salir del prisma, cada componente vuelve a la misma velocidad original y se refracta nuevamente.