Rebético


El rebético es un género musical griego cuyas raíces se encuentran en la música griega de mediados del siglo XIX de la costa occidental de Asia Menor y Constantinopla y que se desarrolló plenamente en los bajos fondos de las ciudades griegas ―principalmente El Pireo, Tesalónica y Siros―, tras la catástrofe de Asia Menor y la expulsión de la población griega.

La denominación tiene su origen en la palabra rebetis (griego: ρεμπέτης, /rebétis/), que designa justamente al hombre de los bajos fondos.

El rebético es frecuentemente comparado con géneros como el tango, el fado o el blues, por su origen marginal y su temática, generalmente relacionada con amores trágicos, pero también con temas como la droga, la cárcel y la vida marginal en general. La música rebética contiene una gran variedad de subgénereos, entre los cuales algunos de los más conocidos son el zeibékiko (ζεϊμπέκικο) y el jasápiko (χασάπικο).

Ilías Petrópulos ―uno de los principales historiadores del rebético― divide la historia de la música rebética en tres periodos:

La música rebética tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX en dos tipos de música griega: en primer lugar la música tradicional de las ciudades costeras de Asia Menor y Constantinopla; en segundo lugar las canciones de presidio. Ambos estilos se encuentran en un tipo de local característico de ciudades como Esmirna o Constantinopla, los «cafés Amán» (griego: καφέ Αμάν). En estos locales, propios de los barrios marginales y relacionados con el consumo de alcohol y drogas, se presentaban actuaciones en vivo y constituyeron el crisol donde la música popular microasiática se mezcló con los elementos que serían propios del primer rebético: la prisión, el alcoholismo, el amor y el hachís.

En 1922 sucedió la llamada catástrofe de Asia Menor (Guerra de Independencia Turca), en la que Grecia perdió todas sus posesiones en Turquía y la población griega fue obligada a abandonar sus hogares, de acuerdo con el tratado de Lausana (Suiza) y los acuerdos de intercambio de población entre Grecia y Turquía. La población desplazada griega constituyó una inmensa masa humana de refugiados que en su mayoría se encontraron en la extrema pobreza y se establecieron en ciudades como Atenas, El Pireo y Tesalónica, trayendo con ellos sus tradiciones, su cultura y su música.