Reino de Gran Bretaña


Gran Bretaña (en inglés: Great Britain), oficialmente Reino de Gran Bretaña (en inglés: Kingdom of Great Britain), fue un Estado ubicado en Europa Occidental que existió entre 1707 y 1800. Surgió de la unión de los reinos de Escocia e Inglaterra, bajo el Acta de Unión de 1707 (Acts of Union 1707), que había sido concebido con fin de fundar un Estado unitario en la isla de Gran Bretaña.[2]​ El nuevo parlamento y gobierno del reino tuvieron asiento en Westminster, en Londres. Los dos antiguos reinos compartían su soberano desde la Unión de las Coronas en 1603.[2]

En 1707, ambas monarquías dejaron de coexistir y surgió la Corona de Gran Bretaña. Se abolieron los parlamentos de Escocia y de Inglaterra, los cuales fueron unificados en el parlamento de Gran Bretaña. Parlamentarios de ambos países tomaban asiento en sus respectivos lugares en Londres (tanto en la Cámara de los Comunes como en la de los Lores), aunque la representación escocesa en el órgano legislativo era menor, debido a que su población así lo era. Bajo los términos del Acts of Union, Escocia elegía a 45 parlamentarios para la Cámara de los Comunes y enviaba 16 a la Cámara de los Lores.

Tras el aplacamiento de la Rebelión irlandesa de 1798, el Reino Unido de Gran Bretaña quedó disuelto con la aprobación del Acta de Unión de 1800, por lo que el Reino de Irlanda y el Parlamento de Irlanda quedaban anexionados a la unidad política, dando origen al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.

Los reinos de Inglaterra y Escocia, ambos en existencia desde el siglo IX, eran estados independientes hasta que las Actas de la Unión entraron en vigor en 1707. Sin embargo, habían llegado a una unión personal en 1603, cuando Jacobo VI de Escocia sucedió a su prima Isabel I de Inglaterra como rey de Inglaterra (con el nombre de Jacobo I). Esta unión de las coronas en la Casa de Estuardo significaba que el conjunto de la isla de Gran Bretaña era gobernada ahora por un solo monarca, que en virtud de la corona inglesa también gobernó sobre el reino de Irlanda. Cada uno de los reinos mantuvo su propio parlamento y leyes (aunque hubo un breve intento de unión durante el interregno en el siglo XVII).

Esta disposición cambió dramáticamente cuando el Acta de Unión de 1707 entró en vigor, con una corona unificada de Gran Bretaña y un solo parlamento unificado. Sin embargo, Irlanda se mantuvo formalmente separada hasta las Actas de la Unión de 1801. El Tratado de la Unión, a condición de que la sucesión al trono británico estaría en conformidad con el Acta de Liquidación Inglés, en lugar de la Ley de Escocia de Seguridad, quedó sin efecto. El Acta de Liquidación requiso que el heredero al trono inglés fuese un descendiente protestante de la electora Sofía de Wittelsbach, lo que provocó la sucesión de Hannover solo unos pocos años después de la Unión.