Revisionismo histórico en Argentina


El Revisionismo histórico en la Argentina es una corriente historiográfica orientada a modificar la visión de la historia, enfrentando la tradicional que predominó en ese país desde mediados del siglo XIX. En particular, se ha orientado a defender la figura de los caudillos federales, considerados como símbolos de atraso político y cultural, de Juan Manuel de Rosas y a los conquistadores y colonizadores españoles, a los cuales el liberalismo del siglo XIX había condenado como suma de todos los males.[cita requerida]

Hasta la batalla de Caseros, en 1852, no hubo historiografía propiamente dicha en la Argentina. Había memorias, anecdotarios, esbozos históricos. Se explica fácilmente: el país se estaba construyendo y no había tiempo para hacer historiografía. Pero después de Caseros, y sobre todo de la batalla de Pavón, de 1861, se inició la historiografía nacional.

Los iniciadores fueron Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre. La historia escrita en ese período fue orientada a explicar la ruta seguida hasta Caseros y Pavón. Durante las décadas siguientes, por lo menos hasta principios del siglo XX, la historiografía siguió a los dos maestros, López y Mitre. Entre sus seguidores se contó uno de los más encarnizados antirrosistas y antifederales, Antonio Zinny, que publicó alrededor de 1880 su Historia de los gobernadores de las provincias argentinas. Esta obra nada tiene de revisionista, pero resulta enormemente útil a los historiadores de esa tendencia para demostrar sus tesis sobre la supuesta falsedad de muchos de los artículos de fe de la historiografía clásica, liberal o académica respecto a las provincias.

Su actuación fue posteriormente muy criticada por los revisionistas como un modelo de falta de objetividad[cita requerida] y por justificar sus propias actuaciones —en el caso de Mitre—[cita requerida] y la de sus compañeros de actividad política. Durante el gobierno de Mitre aparecieron cronistas, políticos e intelectuales que escribieron artículos históricos en contra suyo en el periodismo, como Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Rafael Hernández, Carlos Guido y Spano, Olegario Víctor Andrade y Miguel Navarro Viola. Parte de esas producciones se leen hoy como historiografía revisionista, pero en ese entonces, sus autores estaban haciendo política, no historiografía.[1]​ Pero tuvieron un indudable mérito por haber abierto el camino con tenacidad y cierta calidad literaria. Para ellos, la colonización española, los caudillos federales y Rosas fueron el modelo a no imitar,[cita requerida] el pasado que había que dejar atrás por completo, las referencias negativas universales.

La primera voz disonante fue la de Adolfo Saldías, un abogado liberal, admirador de Mitre y que, justamente por ello, quiso ser su continuador. Por eso comenzó a estudiar con cuidado la historia de 1824 en adelante.[2]