Teocracia


La teocracia (del griego θεός [theós], ‘dios’ y κράτος [kratos], ‘poder’, ‘gobierno: «gobierno de Dios») es la forma de gobierno donde los administradores estatales coinciden con los líderes de la religión dominante, y las políticas de gobierno son idénticas o están muy influidas por los principios de la religión dominante. Generalmente, el gobierno afirma mandar en nombre de la divinidad, tal como especifica la religión local.

El DRAE definía «teocracia» como el «gobierno ejercido directamente por Dios», y en una segunda acepción: «Sociedad en que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros».[2]​ En la edición de 2014, escindió esa segunda acepción en dos, ampliando esa posibilidad de ejercicio al indicar que «es ejercida directa o indirectamente por un poder religioso, como una casta sacerdotal o un monarca»; e introduciendo como tercera acepción la posibilidad de denominar «teocracia» al país que tiene esta forma de gobierno.[2]

La utilización más antigua registrada del término «teocracia» se encuentra en el historiador judeo-romano Flavio Josefo, quien aparentemente la acuña al explicar a los lectores gentiles la organización de la comunidad judía de su época (el siglo I). Al contraponer esta con las formas de gobierno definidas por los griegos clásicos —monarquías, oligarquías y repúblicas— añade: «Nuestro legislador [Moisés] no tuvo en cuenta ninguna de estas formas, sino que ordenó nuestro gobierno a lo que, con expresión forzada, podría llamarse una teocracia [theokratian], al atribuir el poder y la autoridad a Dios, y persuadir a todo el pueblo de que lo tuviera en cuenta como autor de todas las cosas buenas» (Contra Apión, libro II, 17).[3]

Por el contrario, en el cesaropapismo, el poder de un líder secular (un líder político -César, emperador, rey o cualquier otro título de soberanía-) se impone, incluso en cuestiones religiosas, sobre el que pudieran aspirar a tener o compartir, incluso en cuestiones terrenales, los líderes religiosos (Papa, sumo sacerdote o casta sacerdotal), subordinando la Iglesia al Estado.[4]


La estela denominada Código de Hammurabi, donde se justifican los poderes del rey babilónico, particularmente los legislativos, por su relación con la divinidad.
Los sacerdotes judíos del Tabernáculo. No hay que confundir la institución sacerdotal del Antiguo Israel, atribuida a los levitas y presidida por el Sumo Sacerdote de Israel, y la posterior institución de los rabinos.
La estatua denominada «Augusto de Vía Labicana», que representa al primer emperador romano, Augusto, como pontifex maximus (el máximo cargo religioso).
Santo Domingo y los albigenses[1]​ (pintura de Pedro Berruguete, 1493-1499, parte del Retablo de Santo Domingo en el Monasterio de Santo Tomás de Ávila junto con otras tablas, de las que la más famosa es el Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán), representa a Santo Domingo presidiendo una ordalía en la que los textos albigenses ardían y los católicos levitaban. La Orden Dominica, fundada por él, estuvo estrechamente vinculada a la Inquisición, un eficaz mecanismo de control ideológico y social de la jerarquía eclesiástica (obispos y papa) desde 1184. Particularmente en España estuvo estrechamente relacionado con el Estado (Inquisición española desde 1478, Monarquía Católica desde los Reyes Católicos, título que siguieron ostentando sus sucesores en la Monarquía hispánica). Entre las múltiples instituciones religiosas de gran poder, el confesor real tuvo una destacada importancia, funcionando en la práctica como un destacado miembro del gobierno. Otras monarquías católicas también tuvieron destacada presencia de clérigos en torno al poder (en Francia, el cardenal Richelieu, el cardenal Mazarino o el obispo Bossuet).
Fotograma de La letra escarlata (película de 1917 basada en la novela). Refleja la teocrática Nueva Inglaterra de los «padres peregrinos» puritanos del siglo XVII.
Monjes del Monte Athos armados durante las luchas de Macedonia, 1904-1908.
Lamas del monasterio de Kharta en 1921.
Llegada del ayatolá Jomeini a Irán en 1979.
El papel que el ordenamiento legislativo otorga a la religión es de grado diferente en cada uno de los países musulmanes; aunque las declaraciones constitucionales pueden quedar desfasadas por la realidad (por ejemplo, Turquía sigue siendo oficialmente laica a pesar de que su gobierno sea «islamista moderado», mientras que Sudán sigue sin tener una declaración constitucional islámica, pese a que su gobierno sea «islamista radical»). Tampoco puede identificarse con su amistad o enemistad con las potencias occidentales: las monarquías del Golfo (monarquías islámicas) están entre los principales aliados de Estados Unidos, mientras que Irán (república islámica) figura entre sus principales enemigos.      Estado islámico      Estado confesional      Sin declaración      Estado laico