Utopía


Por utopía el Diccionario de la lengua española entiende dos cosas: en primer lugar, el «plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización» y en segundo lugar, la «representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano»,[1]​ esto es, una sociedad tan perfecta e idealizada que es prácticamente imposible llegar a ella.

La palabra proviene del helenismo Utopia, isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfecto descrita por Tomás Moro en 1516, durante el renacimiento.

Utopía deriva del griego οὐ ("no") y τόπος ("lugar") y significa literalmente "no-lugar", más el sufijo latino -ia o, como glosó Quevedo: "no hay tal lugar".[2]​ La palabra fue acuñada por Tomás Moro para describir una sociedad ideal, y por lo tanto inexistente. Esta "república" es imaginada como mejor que las conocidas, en especial la europea del Renacimiento, por lo cual el término puede ser interpretado como Eutopia, también derivado del griego; εὖ ("bueno" o "bien") y τόπος ("lugar"), significando "el buen lugar", en oposición a la distopía o "mal lugar".[3][4]​ En un sentido estricto, el término hace referencia a la obra homónima de Tomás Moro; Dē Optimo Rēpūblicae Statu dēque Nova Insula Ūtopia. En ella, Utopía es el nombre dado a una isla y a la comunidad ficticia que la habita, cuya organización política, económica y cultural contrasta con la sociedad inglesa de la época. l

Se conocen narraciones antiguas que contienen elementos utópicos, a las cuales se las considera precursoras del género.[5]​ Entre ellas pueden mencionarse Dilmún de la mitología mesopotámica,[6]Esqueria, la isla de los feacios descripta en la Odisea, y la evocación de la Edad de Oro en Hesiódo. En la Biblia el libro de Ezequiel esboza un Israel utópico y la literatura de Qumrán también describe, sucintamente, una sociedad perfecta, ambas ubicadas en el futuro y realizadas con intervención divina. En el helenismo hay elementos utópicos en la descripción de Pancaya,[7]​ la isla de la Inscripción sagrada del relato de Evémero[8]​ y de la isla del Sol de Yambulo.[9][10]​ En otras tradiciones culturales aparecen utopìas como La fuente del jardín de los duraznos de Tao Yuanming,[11]La Ciudad Virtuosa (una idealización de Medina en tiempos de Mahoma) de Al Farabi[12]​ y las narraciones sobre Ketumati, el paraíso futuro en algunas escuelas budistas, lleno de palacios hechos de gemas y rodeado de árboles maravillosos, donde no existe el hambre.[13]​ En la Edad Media, una obra utópica singular es La ciudad de las damas de Christine de Pizan.[14]


Representación utópica de New Harmony (Indiana), EE. UU., según las propuestas de Robert Owen (1838).